La nueva generación Zor-El Luthor.

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Narrador Omnisciente:

La tarde caía con lentitud sobre la casa de los Zor-El Luthor. Una brisa suave recorría las cortinas, y el aire estaba impregnado de ese aroma a hogar que sólo se construye con años de amor, de peleas absurdas, de abrazos nocturnos y promesas eternas.

Lena estaba en la sala, revisando unos documentos médicos del primer monitoreo de en su tablet cuando escuchó los pasos arrastrados de Lutessa y el inconfundible suspiro de Travis detrás de ella. Levantó la vista justo a tiempo para ver a su hija mayor acomodarse con esfuerzo en el sofá, mientras su marido la seguía con expresión preocupada.

—Mamá... —Dijo Lutessa, soltando el aire con lentitud como si estuviese horriblemente cansada, llevándose una mano a la espalda.— ¿Tienes un minuto?

—Para ustedes tengo la vida entera. —Respondió Lena, dejando la tablet a un lado y poniéndose de pie. Se acercó a su hija y le acarició el cabello con ternura, notando de inmediato el leve temblor en sus dedos. — Puedes decirme lo que sea.

Travis se aclaró la garganta.

—Hemos venido a hablar contigo... y también con Kara. Es importante.

—¿Están bien los bebés? —Preguntó Lena en voz baja, ya sintiendo cómo su corazón comenzaba a acelerarse.

Lutessa intercambió una mirada con su esposo. No era que no estuvieran bien, pero... tampoco era todo ideal.

—Están creciendo más rápido de lo previsto. —Explicó ella— Y según la última ecografía, son... enormes para ser un embarazo múltiple. Mi espalda está colapsando, no duermo, y ya no puedo ni atarme los zapatos. El médico está preocupado por la presión y... bueno... ya no puedo estar sola porque en cualquier momento estos dos alienígenas pueden decidir nacer.

Lena se sentó junto a ella, tomándole la mano.

—¿Qué necesitas, mi amor?

Travis se adelantó.

—Queremos venir a vivir aquí, a la casa. Aunque sea estas últimas semanas. Yo tengo que trabajar, pero no quiero dejarla sola ni un segundo. Me da pánico que algo pase y yo no esté para ayudar, o que esté sola y necesite de alguien. Y si Kara y tú están cerca... podremos respirar; yo podré trabajar tranquilo sabiendo que mi Lu está bien atendida y vigilada.

Lena asintió de inmediato, acariciando la mejilla de su hija.

—Ya es su casa. Nunca dejaron de tener una habitación aquí. Pero claro que sí, mi amor. Claro que sí. No tienen que pedirlo, solo traer sus cosas.

Fue entonces cuando se escuchó un ruido desde la cocina. Kara entró como una ráfaga, con el delantal puesto, harina en las mejillas y una expresión de pánico.

—¿Qué cosa está creciendo más rápido de lo previsto?

—Kara... —Intentó calmarla Lena.

—¿Qué pasó? ¿Están bien los mellizos? ¿No se giraron? ¿Se encajaron antes de tiempo? ¿Lutessa comió sushi? ¡¿Quién le dio sushi?! ¡Voy a matar a alguien! —La rubia ya había sacado su celular y estaba marcando algo.

—Kara. —Repitió Lena, poniéndose de pie y tomándola de los hombros.

—¿Y si tienen macrosomía fetal? ¿Y si hay sufrimiento intrauterino? ¡¿Y SI SE ADELANTA Y NO LLEGO?! ¡NO PUEDO ENTERRARME EN HARINA EN PLENA CONTRACCIÓN!

—Kara. —Lena la besó.

Fue un beso largo, firme. Un beso con las dos manos rodeándole el rostro, bajando el ritmo de la respiración, soltando el nudo de ansiedad que ya comenzaba a formarse en el pecho de la publicista. Kara se quedó quieta, con los ojos cerrados, solo escuchando la respiración tranquila de su esposa.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora