Narrador Omnisciente.
El hogar de los Zor-El-Luthor se sentía extrañamente vacío tras la partida de Kripto. El perro había sido parte de la familia durante dieciséis años, y su ausencia llenaba cada rincón con un eco doloroso. Las noches eran más silenciosas, y los días, más largos. Kripto no solo había sido un perro, sino un compañero leal que había crecido junto a los hijos de Kara y Lena, compartiendo momentos felices y siendo un pilar de apoyo en los momentos difíciles.
Lena encontró a Luka en el sofá, abrazando el collar de Kripto, con los ojos hinchados de tanto llorar. Su pequeño de diez años era especialmente sensible, y perder a su amigo peludo había sido un golpe muy duro.
—Luka, cariño. —Dijo Lena suavemente, sentándose a su lado y acariciándole el cabello oscuro tan parecido al de ella.— ¿Por qué no me cuentas qué sientes? — Luego dejó suavemente la mano en la espalda de su pequeño. — Puedes hablar conmigo.
El niño sollozó y apoyó su cabeza en el regazo de su madre, acurrucándose como si ese fuese el lugar más seguro del mundo.
—Extraño a Kripto, mamá. Era como... mi mejor amigo. Siempre sabía cuándo estaba triste, siempre jugaba conmigo. ¿Por qué tenía que irse? — El niño lanzaba hipidos entre palabras, atorándose con su propia respiración. — ¿Por qué me tenía que dejar solito?
Lena tomó una respiración profunda, sintiendo el nudo en su propia garganta.
—Mi amor, Kripto vivió una vida llena de amor y felicidad, gracias a ti, a tus hermanos y a tu mamá Kara. Ahora descansa, pero eso no significa que nos deje del todo. ¿Sabes? Él siempre estará con nosotros, aquí. —Dijo, colocando su mano sobre el corazón de Luka. — Y no te dejó solito, nos tienes a todos nosotros.
El niño asintió lentamente, aunque las lágrimas seguían cayendo.
—¿Crees que él sabía cuánto lo amábamos? —Preguntó Luka con voz temblorosa. — ¿Se habrá ido feliz? ¿Crees que mi peluche lo acompañe siempre?
Lena besó su cabello.
—Estoy segura de que lo sabía. Kripto fue el perro más amado del mundo, y él lo sabía cada vez que le acariciabas, cada vez que jugabas con él.— El cuerpo de Lena se escogió sobre el del niño. — Y estoy segura que él cuidará tu peluche para entregártelo cuando se reencuentren.
Lena se quedó con su hijo, sabiendo que no había consuelo para esa pérdida y que su pequeña cabecita no era capaz de asimilar esa pérdida, también sabía que sin importar lo que pasara, ella estaría consolándolo a cada segundo que le necesitasen.
La pelinegra apenas había dejado al pequeño de la familia en su habitación cuando se dio cuenta de un pequeño detalle, ninguno de sus hijos estaba revoloteando por la casa, así que únicamente se decidió a buscarlos.
Los mellizos estaban en el cuarto de Liam. Lori, sentada en la cama, acariciaba una vieja manta que había pertenecido a Kripto, mientras Liam jugaba con sus dedos, perdido en su mundo. Lena se sentó en el suelo junto a ellos, cruzando las piernas.
—¿Cómo están mis mellizos? —Preguntó con suavidad, acercándose al centro de la habitación con cautela. — ¿Puedo estar aquí con ustedes?
Lori levantó la mirada, con los ojos llenos de lágrimas.
—Es tan injusto, mamá. ¿Por qué los perros no viven tanto como nosotros?
Lena suspiró, tomando las manos de su hija.
—Ojalá pudiera darte una respuesta, Lori. Pero lo que sí sé es que Kripto vivió cada día como si fuera el mejor, porque estaba con nosotros.
Liam, que había permanecido en silencio, levantó la vista.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
