Narrador Omnisciente.
El tiempo, caprichoso y generoso, había seguido su curso en la casa de las Zor-El-Luthor.
Los años suavizaron las aristas, pintaron algunas canas, y llenaron cada rincón con recuerdos y nuevas risas.
En el jardín; el mismo que alguna vez fue campo de batallas de barro, Aurora, Lucían, Amelia y Elián ya no eran los pequeños torbellinos de antes.
Ahora rondaban entre los ocho y diez años, con rodillas raspadas, imaginación desbordante y una complicidad que rozaba la ilegalidad doméstica.
Y como toda buena banda criminal familiar, tenían un refugio: la abuela Lillian.
La vieja Luthor, de cabellos blancos y voz aún firme, se había convertido en su cómplice favorita.
A los ochenta y largos, se movía con lentitud, pero su mente seguía tan aguda como siempre.
Su bastón hacía un golpeteo rítmico en el suelo del porche mientras fingía leer, y los nietos sabían que eso era la señal para acercarse sin ser detectados por los adultos.
—Abuelita. —Susurró Aurora, con la sonrisa traviesa que heredó de Kara.— Mamá Violet dijo que no podíamos comer galletas antes del almuerzo.
—¿Y tú me ves cara de obedecer órdenes a esta edad? —Respondió Lillian, arqueando una ceja.
Elián se echó a reír.
—Eso suena a que sí podemos.
—Exactamente. —Dijo Lillian, abriendo una cajita metálica de donde salía el olor más dulce del mundo.— Pero coman rápido, antes de que tu abuela Lena aparezca con ese tono de "¿qué están tramando?".
Los niños se lanzaron sobre las galletas.
Entre migas y risas, Lillian los miraba con ternura disimulada.
Nunca habría imaginado que su vejez la encontraría así; rodeada de amor genuino, sin juicios ni resentimientos.
El rencor se había ido apagando con los años, la vergüenza por haber sido la mujer engañada por su esposo, sustituido por una paz nueva que Kara y Lena habían sembrado sin darse cuenta.
Desde la terraza, Kara observaba la escena con los brazos cruzados y una sonrisa sospechosa.
—Sabía que estaban tramando algo.
Lena, que regaba las plantas con calma, levantó una ceja.
—Déjalos. Están aprendiendo de la mejor.
—¿De Lillian? —Preguntó Kara, fingiendo horror.— ¡Mi suegra les está enseñando corrupción emocional!
—No, cariño. —Respondió Lena, con una sonrisa leve.— Les está enseñando a amar sin miedo. A disfrutar la complicidad. Y, sobre todo, a no tomarse la vida tan en serio.
Kara suspiró.
—Eres demasiado sabia, niña bonita.
—Y tú demasiado curiosa. No vayas a interrumpirlos.
Kara, por supuesto, la ignoró.
Avanzó de puntillas hacia el porche, con la misma torpeza de siempre.
Los niños apenas notaron su presencia hasta que su sombra los cubrió.
—Ajá... —Dijo, con voz fingidamente severa.— ¿Qué es este club clandestino de galletas?
Elián escondió una detrás de la espalda.
—Es... una reunión cultural.
Aurora asintió.
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La deuda de Los Luthor. - Supercorp
FanfictionLionel Luthor era un hombre de familia, dedicado y un empresario audaz; nada hacía presagiar que un infarto lo arrebataría de los brazos de su preciada familia, y en el camino revelara todos los trapos sucios que el patriarca de Los Luthor había pat...
