Capítulo 30.

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Kara.

Ahí estaba, sentada en una silla al lado de la cuna de Lutessa, tomando su mano para que no se largara a llorar una vez más como si alguien quisiera arrebatarla de la seguridad de su cama. En el otro brazo tenía a una Ruby completamente desmayada por el cansancio que le había provocado haberse cruzado con el inexplicable ataque de llanto de Lutessa Luthor.

—Ella no tiene nada. — Susurró con cierta ironía el pediatra. — De hecho, ni siquiera tiene gases.

—No es posible. — Musitó Lena, reanudando su andar desesperado de un costado a otro. — Ella estaba llorando, como si alguien le hubiese pegado. — Con cuidado, y a sabiendas que era hora de intervenir, moví a Ruby al sofá que había en la habitación y la arropé. — Ella... ella de verdad lloraba como si algo le doliera. — Con cuidado me acerqué a Lena, poniendo mis manos sobre sus hombros para calmarla. — ¿Cómo es posible que no tenga absolutamente nada? Usted sabe que ella nunca ha llorado de esa manera.

El hombre parecía de una edad mediana, lo suficientemente experimentado como para dar un diagnóstico y el parecía convencido de que la niña no tenía nada.

—¿Puede explicarse? — Intervine un tanto temerosa.

Él asintió. — Chicas, creo que la pequeña princesa ha hecho su primer berrinche oficial. — No sabía que esas cosas se diagnosticaban, yo pensaba que era algo que venía predispuesto de fábrica. — ¿Hay alguna cosa que haya sido de su interés durante el día que se le quitase por la noche?

De inmediato, la mirada mordaz de Lena se clavó como dos halcones sobre mi cabeza, demasiado predispuesta a culparme directamente de este entuerto. Ahora, si lo veíamos dentro de los tecnicismos, yo no era una cosa, era una persona, y no me habían quitado de los brazos de la niña, me fui por voluntad propia.

—¡Yo no soy una cosa que se quita! — Alcé un poco la voz para desestimar la ira de Lena. — No me mires así, no es mi culpa que la niña me quiera.

—Lo haces a propósito. — Me apuntó directamente. — Tu... eres una desgraciada.

—Soy encantadora. — Respondí con risas torpes mientras veía a la pobre mujer a punto de lanzarme algo en la cabeza. — Y nuestra niña, también, es demasiado hermosa. — Y ahí seguía yo, mirando a la niña como idiota. — Y tu mamá está un poco loca, así que tendré que comprar una escopeta para que ningún adolescente hormonado sea capaz de tocarte. — Mis dedos comenzaron a jugar con cuidado con sus manitos volátiles. — Y los perseguirá hasta el infinito si osan romper mis reglas de mirarte más de cinco segundos.

Lena parecía incrédula. — No puedo creer que solo llorase por ese... ese... cachorro.

—¡Oye! — Me defendí de inmediato.

El doctor solo sonrió y levantó una ceja desafiante. — Señorita Zor-El, ¿puede ponerse detrás de la pared? — Quise negar, pero él solo me levantó una ceja con gracia. — Es solo para probar un punto.

Asentí cuidadosa, un poco temerosa de encontrar en cierto modo la respuesta que deseaba el doctor, porque sabía que ella llorase me rompería el corazón. Caminé lento, aún sin apartar la mirada de la niña que poco a poco comenzaba a deformar su mueca feliz para dejar paso a un puchero de esos que te desarmaban en alma.

Deseé detenerme y volver, pero la mirada del doctor me incitó a seguir, así que seguí con mis pasos hasta perderme en detrás de la pared, justo a tiempo antes de escuchar como rompía en un llanto que te hacía temblar el alma.

No pude resistirme un segundo más y solo volví sobre mis pasos para acoger suavemente a la pequeña entre mis brazos.

—Hizo un berrinche. — Espetó el doctor triunfal. — Comprendo que puedan espantarse, son madres primerizas y pueden hacer interpretaciones erróneas. — No esperé a que alguien más me diese aprobación, solo tomé a la pequeña en brazos y la acuné con dulzura, tarareando una canción que quizás había escuchado en alguna película. — Lo importante es que puedan apoyarse entre ambas, no tomar responsabilidades poco equitativas y repartir los instantes de cuidado, porque esta pequeña puede repetir alguno de sus episodios. — Él solo sonrió y le dio una caricia tenue en la mejilla de la niña medio dormida. — Que tengan buenas noches.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora