Cosas de virginidad.

890 86 2
                                        

Omnisciente.

La casa estaba llena de movimiento, como de costumbre. Astro, el cachorro de pelaje dorado que la familia había adoptado recientemente, corría de un lado al otro del salón mientras Liam, con su eterna sonrisa, lo seguía con una pelota en la mano.

Esa era una escena que Kara y Lena jamás pensaron ver, sin embargo, la conexión que tenía el muchacho con el cachorro parecía ser tan infinita, que nadie se interponía en sus travesuras constantes y en sus juegos sofisticados.

—¡Atrápala, Astro!— Gritó Liam con entusiasmo, lanzando la pelota suavemente hacia el perro. Astro saltó y la atrapó en el aire, ganándose una carcajada alegre de Liam. — ¡Muy bien, muchacho!

En el otro extremo de la sala, Lori y Luka estaban enfrascados en una discusión que había comenzado por algo tan trivial como el control remoto.

—¡Yo lo tenía primero!— Protestó Lori, cruzándose de brazos mientras miraba a su hermano menor con ojos encendidos. — Y soy mayor, debes respetarme.

—¡Mentira! Lo encontré en la mesa.— Replicó Luka, sosteniendo el control como si fuera un trofeo. — Estás abusando.

—¡Luka, devuélvemelo ya!— Exigía Lori, acercándose peligrosamente, dispuesta a desatar el gen Luthor con su hermano.

Lutessa, que estaba sentada en un sillón leyendo un libro, soltó un largo suspiro y se levantó con la paciencia de alguien que había vivido demasiadas peleas similares.

—¿Podrían dejar de gritar por cinco minutos?— Dijo con voz firme. —Luka, dale el control a Lori. Y Lori, no es el fin del mundo si ves otra cosa, pueden encontrar algo que le guste a ambos.

Lori bufó, pero dejó de acercarse a Luka, mientras él se encogió de hombros y entregó el control remoto de mala gana.

—Gracias.— Murmuró Lutessa, volviendo a su libro. —Algún día me van a deber una estatua por mantener la paz aquí.

Desde la cocina, Kara y Lena observaban la escena con sonrisas en sus rostros. Lena picaba vegetales en la encimera mientras Kara removía una olla que burbujeaba suavemente en la estufa.

—¿Crees que esa paz dure más de cinco minutos? —Preguntó Kara, inclinándose hacia Lena.

—Lo dudo.— Respondió Lena con una sonrisa cómplice. —Pero es parte del encanto de tener cuatro hijos.

Kara soltó una risita y se acercó más, apoyando las manos en la encimera, muy cerca de Lena.

—Hablando de encanto.— Dijo en un tono más bajo. —No has parado de encantarme desde esta mañana. — Sus labios se posaron suavemente en el hombro de su esposa. — No sé como es que te pones más linda cada día.

Lena levantó la vista, encontrándose con los ojos azules de Kara que brillaban con picardía. Intentó mantener la compostura, pero la leve curva en sus labios la delató.

—¿No deberías estar concentrada en la cena?— Preguntó, alzando una ceja.

—¿Y perderme la oportunidad de coquetear con mi hermosa esposa? Jamás.— Kara se inclinó y plantó un rápido beso en la mejilla de Lena, quien negó con la cabeza, divertida.

—Sabes que así no vamos a terminar nunca de cocinar, ¿verdad?— Dijo Lena en un susurro mientras Kara rodeaba su cintura con los brazos.

—Tal vez la cena pueda esperar un poco.— Respondió Kara, acercándose para besarla lentamente. Lena sonrió contra sus labios, dejándose llevar por el momento. — Y nosotras podríamos aprovechar que ninguna de esas bestias recuerda que estamos en casa.

La deuda de Los Luthor. - SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora