Jack

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Reconozco que estoy nervioso. ¿Quién no lo estaría?

Hace 8 años que no la veo. Tampoco es que antes la viese todos los días. No. La veía una vez al año, durante dos semanas. Dos semanas intensas. Ella era intensa. Siempre corriendo cómo una loca, cómo si no tuviera miedo a hacerse daño si caía. Era valiente.

También era caprichosa y estaba mimada. Era una niña de papá, lo recuerdo a la perfección. Todo lo que quería, él se lo daba, cómo si tuviera miedo que si no lo hacía ella dejaría de quererle.

Lo último que supe de ella es que ahora es hermana mayor. No me la imagino teniendo que compartir sus cosas con una mini versión de ella. Aunque si lo pienso bien, no se parecen en nada. No comparten padre, tampoco la raza. Por lo que me ha contado mi madre, la suya se casó después de mudarse a Chicago con un tío de Jamaica. Después tuvieron a la niña.

Mi madre fue a recogerlas al aeropuerto. Cuando salí de trabajar y llegué a casa me sorprendió que ya hubiera vuelto.

-¿Qué tal el día cariño? -me preguntó cuando entré en el salón.

-Bien, mucho trabajo hoy que ha faltado el Señor Evans.

-Claro, ya me imagino... Las chicas ya están aquí. -Anunció sin levantar la vista del televisor.

-¿Así?

-Sí. Parecen asustadas.

-¿Por qué crees eso? -pregunté con curiosidad.

-Bueno me imagino que no es fácil. Raeni no conocía hasta hoy a su abuelo y Caroline... Bueno Caroline ya no es una niña.

-El señor Evans cuidará bien de ellas, no te preocupes mamá...

-No me cabe duda de ello, pero quiero que se sientan a gusto aquí. Este lugar también es su casa, así qué por favor no la cagues con Caroline.

-¿Cómo?

-Sólo te pido que la trates bien. Ayúdala a integrarse aquí. Debe de sentirse sola sin sus amigos...

-Claro mamá. Lo haré.

No hacía falta que lo pidiera. En realidad lo hubiera hecho sin que ella me lo mencionase. Caroline no es una extraña para mí. De críos éramos amigos y ahora que ha vuelto quiero que volvamos a serlo.

-Por cierto, mañana podrías llevarla a Louisville, para que compré todo para su hermana. En la nevera hay una lista de lo que tiene que comprar. El señor Evans dijo que te daba el día libre. -Dijo mamá antes de que desapareciera por la puerta de mi habitación.

Esa es la principal razón por la que estoy en casa del Señor Evans, preparando el desayuno. Cuando llegué él ya se estaba marchando hacia el huerto con la que supongo que es Raeni. Me pidió que hiciera el desayuno antes de marcharnos y me dió dinero para que Caroline no tuviera que pagar nada.

El bacon ya casi estaba listo cuando escuché a alguien carraspear desde atrás. Me di la vuelta despacio y por fin la vi.

Rider.

Es muy guapa. Siempre lo fue. Pero los años le han sentado bien. Su pelo oscuro hace resaltar su pálida piel y sus ojos verdes. Esos ojos en los que recuerdo perderme de crío.

-Buenos días. -Le dije antes de seguir con mi tarea.

-Hola. -Dijo casi susurrando.

Después de avisarle de dónde se encontraba su hermana y su abuelo pude ver cómo se quedaba parada. Sin moverse ni un sólo centímetro estaba pensando mientras me observaba.

-¿Quién eres? -Preguntó de forma brusca.

Reconozco que me dolió aquella pregunta. O se está haciendo la tonta o realmente no se acuerda de mí. Aunque parecía menos tensa cuando le dije mi nombre pude ver que todavía no se sentía cómoda. Por lo que no dudé en aprovechar la oportunidad de vacilarla cuando me pregunto si lo hacemos... No podía evitarlo, quería verla reír, quería volver a sentir ese cosquilleo que sentía cada vez que ella sonreía.

Desayunando me contó que había dejado la carrera. En cuanto me dijo que se metió a estudiar Economía no me sorprendió nada que lo hiciera. Era pésima con los números. También me dijo que había llegado a ser animadora, es más llegó a ser capitana. Eso me ponía contento, había conseguido algo con lo que soñaba desde siempre, aunque a mi eso me pareciese una chorrada. Mientras la miraba sólo podía pensar en aquella última vez. Me preguntaba si me guardaba rencor por aquello.

Fuimos hasta Louisville y cuando llegamos ahí, no tardé en comprobar que ella seguía siendo el desastre que era de pequeña. Me sentí bien por un momento al pensar que sigue necesitando que le salven el culo, ya que ahora que va a vivir aquí, voy a poder ser yo quién lo haga.

Obviamente también me tocó medio discutir con ella por el pago de las compras que había hecho, se había negado rotundamente a que las pagase yo con el dinero de su abuelo. Soy más que consciente que podía haberla convencido, pero no quería parecer un capullo con ella, por lo menos no en su primer día aquí. Además el señor Evans no tardará en perdonarme...

Nos tomamos una cerveza mientras hablábamos de la relación con su abuelo. No tardé mucho en darme cuenta que estaba dolida con él. Aunque no sabría decir muy bien si su dolor es suyo o de su madre, porque está claro que su abuelo nunca ha hecho nada que la pueda perjudicar a ella.

Después de todo el día a su lado, pude estar seguro de varias cosas.

La llegada de Caroline no me sería indiferente. Me ha bastado verla recién levantada, con una camiseta y unas bragas para saber que esta chica me encanta. También con eso fui consciente que realmente mi relación con Keyla no va a ninguna parte. Puede que ya lo supiera de antes, pero los nervios que tuve antes de volver a ver a Caroline eran una clara señal que mi relación estaba más que acabada.

Obviamente no se me pasó desapercibido el hecho de que ella afirma no recordar cosas de cuándo éramos pequeños. No sólo afirma que este pueblo no era su hogar, cosa de la cuál antes presumía, sino que tampoco ha reaccionado cómo yo esperaba que lo hiciera cuando la llame Rider.

Creo que eso también me dolió en el fondo, aunque no sabía muy bien por qué. 

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