Los días iban pasando demasiado rápido. Febrero iba llegando a su final y yo sólo podía pensar en todo aquello que todavía me quedaba por hacer en New Haven. No eran grandes cosas, pero si eran grandes momentos. Momentos junto a personas únicas.
Después de mi pelea con el abuelo por la breve visita de Michael al pueblo las cosas habían cambiado. Creo que el reconocer que no pretendía alejarme del abuelo una vez que me marchase hizo que él le diera otra perspectiva a toda la situación. Desde entonces pasamos muchos ratos juntos. Hablando o haciendo cosas del trabajo, pero juntos.
Hubo un día que el abuelo se cansó de mi resistencia a volver a montar a caballo tras mi caída y decidió coger el toro por los cuernos cómo se suele decir.
Decidió llevar a Trueno y a Triana hasta el hipódromo. Y cómo si fuera la primera vez que yo iba a montar a caballo, me ayudó con mi miedo.
Primero me hizo subir encima de Triana, ya que sabía de sobra que ella jamás haría un movimiento que me pudiese poner en peligro. Una vez que conseguí dar una vuelta al hipódromo con ella sin tener a mi abuelo al lado de los estribos sujetando mi espalda pasamos a Trueno.
No sólo yo tenía miedo, él también estaba asustado. Creo que pudo notar a la perfección cómo me afectó el accidente y cómo si aquello fuese una señal, decidió estar más calmado de lo que jamás le había visto.
Volvía a sentirme viva.
Encima de Trueno, trotando despacio por el hipodrómo me volví a sentir viva.
Jack y yo seguimos cómo siempre. Aunque no del todo. Nos pasabamos el día entero juntos intentando aprovechar cada momento libre para estar más unidos, para abrazarnos, para acariciarnos, para estar callados pero siempre juntos. Pero a pesar de aquello había miradas diferentes, miradas apenadas, cómo si quisiéramos decir con ellas aquello que no nos atrevemos decir en voz alta. Soy consciente de que he vuelto a contar los días. Sólo que esta vez no cuento de la misma forma. Ahora mismo cuento cuantos días me quedan junto a Jack y no los que me quedan para volver a Chicago.
-¿Estas lista? -preguntó Jack metiendo una mochila en la parte de atrás del coche.
-Sí, ya estoy.
Salí de casa de mi abuelo y entré en la camioneta roja de Jack. Hoy íbamos a comer a la colina, a nuestra colina. Era cómo una especie de última cita antes de mi viaje. Era nuestro último momento para disfrutar antes de hacerle frente a la dura realidad.
-¿Cómo llevas lo de volver a montar? -preguntó mientras comíamos sentados encima de una manta bajo el sol.
-Mejor. Ya no me cuesta respirar cuando estoy encima de Trueno. Es cómo si poco a poco lo fuese superando.
-Me alegra escuchar eso... Trueno y tú tenéis una relación especial ¿Sabes?
-¿Tú crees? -pregunté ilusionada.
-¿Lo dudas? En cuanto comenzaste a ser su jinete comenzó a mejorar. Y no sólo eso, pero cuando te lesionaste y dejaste de montar también se notaba en él, estaba decaído. Cómo cuándo murió tu abuela y Triana cayó enferma...
-Sí, yo también lo noté más triste, aunque pensé que eran consecuencias de su caída...
-Todavía te queda mucho que aprender Rider. -Aseguró Jack riendo. -¿Has hablado con tu madre?
-No. Cuando llamó le dejé a Raeni que hablaran, la echa de menos. -Dije intentando desviar la conversación hacia mi hermana.
-¿Y tú no la echas de menos?
-Sí, pero no es lo mismo.
-Rider, ¿qué te pasa con tu madre? -Preguntó Jack con curiosidad.
-¿A qué te refieres?
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INEVITABLES
RomanceDespués de 8 años Caroline viaja al pueblo de su madre para vivir con su abuelo. Seis meses en New Haven junto con su hermana pequeña serán suficientes para poner su vida patas arriba. Una casa nueva, un nuevo trabajo, nuevos amigos y Jack Burrows...
