Los paseos con Triana se han vuelto más cortos debido al frío. Jack y yo nos aseguramos de llevarla por senderos que ya están despejados de nieve pero se nota que esto no le agrada. Si fuera por ella se pondría a galopar campo a través. A pesar de su edad, sigue teniendo energía.
La nieve todavía no ha desaparecido de New Haven, pero los vecinos sorprendentemente han puesto todos de su parte para despejar todas las carreteras del pueblo.
Durante varios días Jack y yo estuvimos ayudando a los negocios locales, los primeros, por supuesto tuvieron que ser el de An y la señora Hotch. No podíamos dejar al pueblo entero sin poder comprar y comer. Mi abuelo mientras tanto se encargó de despejar todo junto a los establos. Después de una semana, ya nadie parecía acordarse de la gran nevada que tuvo lugar en Kentucky.
-¿Cómo va la cosa con tu novio? -preguntó Jack mientras guiaba a Triana a través de un charco.
-Bueno bien, supongo...
Me pilló por sorpresa la pregunta. Jack no suele preguntarme por Cody, y no me imaginaba que lo haría después de nuestro beso. Nunca llegamos a hablarlo, simplemente fingimos que no había pasado. Es más fácil así, supongo.
-¿Segura?
-¿Por qué lo dices? -pregunté sujetándome con fuerza al arnés de Triana y echando mi peso hacia atrás mientras ella comenzaba a bajar una colina.
-Un pajarito me ha contado que no habláis mucho... ¿Es por lo del fútbol?
-Betty es una bocazas.
-No te enfades con ella Rider, está preocupada por ti.
-Es una tontería. No necesitamos hablar a diario para estar bien.-reproché de forma contundente.
-¿Se lo contaste?
-¿El qué? -Me hice la tonta.
-No se lo contaste. -Aseguró.
Preferí no contestar. Le di un toque a Triana en los costados para que empiece a trotar y nos dirigimos hacia el hipodrómo dejando a Jack atrás.
Por supuesto que no le había contado nada a Cody. No podía hacerlo. O mejor dicho no quería.
Reconocer en voz alta que besé a Jack puede implicar el fin de mi relación con Cody, y por mucho que ahora mismo estoy enfadada con él, no quiero terminar lo nuestro. Supongo que él tampoco ha puesto mucho de su parte para arreglar las cosas. Cuando se dio cuenta de que se olvidó de mi cumpleaños, intentó arreglarlo poniendo la excusa de los entrenamientos. Una llamada no le hubiera costado mucho me dijo Betty cuando le conté que realmente le entendía. Así que tras hablarlo con ella me volví a poner mal y todavía no era capaz de mantener una conversación normal con él. Reconozco que me sigue doliendo. Parece una tontería, pero Cody hasta ahora siempre ha sido la persona que más me ha entendido, en todo. Y desde que me marché de Chicago, es cómo si no fuésemos capaces de encontrarnos.
Un grito proveniente del hipódromo me distrajo de mis pensamientos. Redireccione a Triana para ver qué ocurría. Que yo sepa a estas horas mi abuelo ya ha terminado sus entrenamientos y debería de haberse marchado a casa.
-No hagas esto Sinclair, vas a perjudicarlo. -dijo mi abuelo de forma rotunda.
-Señor Evans, le respeto mucho pero ahorrese sus consejos. Le he dejado a cargo de mi caballo y es obvio que no ha podido sacarle partido.
-La culpa no la tiene el animal, ni yo tampoco... Ya te dije que ese chico no valía para jinete. -Sentenció mi abuelo ofendido.
Según terminé de acercarme pude ver a Robert Sinclair con cara de pocos amigos junto a Trueno. Supongo que es su dueño. No me sorprende la cara de mala leche que tiene mi abuelo, siempre suele tenerla pero está vez en sus expresión puedo ver algo de tristeza o preocupación incluso.
-¿Pasa algo? -pregunté desmontando a Triana junto a ellos.
-Caroline, lleva a Triana al establo. Robert y yo tenemos una conversación que terminar.
-No hay nada más que hablar señor Evans, voy a vender a Trueno. Tenía que haberlo hecho hace tiempo... -anunció Sinclair con desprecio en su mirada.
-¿Cómo? No puede hacer eso. - Puede que levantase la voz un poco demás.
-¡Caroline! Marchate...
-El qué debería de marcharme soy yo. Le avisaré cuando la venta sea efectiva para organizar el traslado.
-Señor Sinclair, no haga esto por favor. Trueno es un campeón, yo misma he visto el potencial que tien...
-Niña, no te he pedido tu opinión respecto a lo que debería o no debería hacer con mi caballo. Está decidido. -me interrumpió de manera grotesca.
-¿Y si Trueno empieza a ganar competencias?¿Si logramos que gane, podrá quedarse? -pregunté desesperada.
-¿Y cómo vas a hacer eso? -preguntó Sinclair con una mueca arrogante en la cara.
-Yo seré su jinete. -Anuncié sin temor, me sorprendió que mi voz no temblara cuando lo hice.
-¿Qué te hace pensar que siendo su jinete podrás llevarle a la victoria?
Mi abuelo no dudó en adelantarme y mirar de manera condescendiente a Robert, colocó su mano en mi espalda y dijo lo que nunca pensé que oiría salir de su boca, por lo menos no si se trataba de mi.
-Sinclair, deja que os presente. Ella es Caroline O'Connor, hija de Elisabeth y es mi nieta. -Anunció mi abuelo con orgullo. -Es una campeona nata, lo lleva en la sangre.
Y así de la noche a la mañana me convertí en una jinete.
Creo que realmente no esperaba que Robert Sinclair aceptara mi propuesta y por eso la hice. Puede que fuera una medida desesperada, pero realmente no quería que vendieran a Trueno. Nunca sabes a dónde podría haber ido a parar, mientras que aquí en el club de hípica de Marta, los animales estaban bien cuidados, con los mejores entrenadores y con un grupo selecto de alumnos que valoran a los caballos. También está el hecho de que realmente me he encariñado con todos los caballos que hay aquí. Es imposible no hacerlo, paso la mayor parte de mi tiempo en los establos junto a ellos.
Está claro que ahora que mi abuelo había hecho un trato con el dueño de Trueno, ya no había vuelta atrás. Tenemos un mes para conseguir que Trueno gane una competición, por lo tanto, la tengo que ganar yo también.
Mi abuelo no tardó en organizar una tabla con horas de entrenamiento, obviamente no podría faltar a mi trabajo, aunque alguno de ellos lo haría mientras estuviese aquí para aprovechar el tiempo. También me ha impuesto una dieta, que preferí ni siquiera leer cuando vi las palabras lechuga y brócoli en ella. Por no olvidarnos que a partir de ahora tengo hora para dormirme y levantarme. Dice que las horas de sueño de una deportista son importantes por lo que a partir de ahora él se encargará de llevar a Raeni al colegio.
Espero que el esfuerzo que vamos a hacer Trueno y yo valga la pena. Y no sólo hablo de los entrenamientos y todas las normas nuevas, hablo del esfuerzo de aguantar a mi abuelo en plan sargento Evans.
-Deseame suerte -pedí mientras pasaba junto a Jack hacia los establos con Triana.
Jack no era consciente todavía de lo que acababa de pasar en el hipodrómo, pero estoy más que segura que no tardará mucho en reírse de mí en cuanto se entere.
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INEVITABLES
RomanceDespués de 8 años Caroline viaja al pueblo de su madre para vivir con su abuelo. Seis meses en New Haven junto con su hermana pequeña serán suficientes para poner su vida patas arriba. Una casa nueva, un nuevo trabajo, nuevos amigos y Jack Burrows...
