¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Al día siguiente, Brielle despertó con la sensación de que la tarde anterior había sido una especie de sueño inquieto, un delirio que se le escapaba al intentar recordarlo. Las imágenes de George, de su mirada intensa y las palabras que le había confesado, parecían borrosas, como si su mente quisiera protegerla de esa mezcla de emociones que la habían dejado desarmada. Aún así, mientras se levantaba, una parte de ella sabía que nada era tan simple como lo había sido antes.
Se dirigió a la cocina en silencio, y al entrar, se topó con John que hojeaba el periódico, aparentemente absorto. Aunque trató de mantener la calma, algo en su manera de observarlo delataba una cierta incomodidad. John levantó la vista en cuanto la escuchó entrar, sus ojos fijos en ella con una expresión que parecía evaluar cada uno de sus movimientos.
—Buenos días, Brielle —dijo él con un tono neutral, aunque había una sombra de sospecha en su mirada que no pasó desapercibida para ella.
—Buenos días —respondió Brielle, esforzándose por sonar despreocupada mientras preparaba su desayuno. Se sentía bajo la lupa de su hermano, como si él aún estuviera analizando los momentos en los que la había encontrado junto a George.
John carraspeó, bajando la mirada al periódico y, después de unos segundos, comenzó a hablar con un tono calculado.
—Oye, ¿te has visto mucho con George últimamente? —preguntó, tratando de sonar casual, pero el interés en sus palabras era evidente.
El corazón de Brielle dio un salto, pero mantuvo la compostura mientras respondía, fingiendo desinterés.
—Bueno… no tanto. Solo hablamos de vez en cuando. Además, tú sabes, la banda lo mantiene ocupado —se encogió de hombros, tratando de sonar lo más natural posible.
John la observó en silencio un momento antes de asentir, como si estuviera considerando sus palabras. Finalmente, dejó el periódico y se levantó de la mesa, su expresión cambiando a una de advertencia, como si quisiera asegurarse de que ella entendiera su postura.
—Bueno, solo espero que no haya ningún… malentendido entre tú y él. No quiero problemas, Brielle, ¿entiendes? George es mi amigo, y tú eres mi hermana. Esto no es un juego.
Ella asintió, sintiendo el peso de sus palabras. Al mismo tiempo, una chispa de rebeldía creció dentro de ella; sabía que lo que sentía no era un “malentendido” y, aunque era difícil aceptar lo que significaba, no quería que John definiera los límites de sus emociones.
Ese día, en la escuela, Brielle intentó distraerse con sus estudios, pero su mente no dejaba de volver a George, a las palabras que le había dicho y la intensidad que había sentido en su cercanía. Y entonces, a la salida, para su sorpresa, George la estaba esperando en la esquina del edificio, con las manos en los bolsillos y la mirada baja, como si estuviera lidiando con la misma tormenta de pensamientos.
Brielle dudó un segundo, mirando a su alrededor como si temiera que John pudiera aparecer de la nada, pero finalmente se acercó a él, con una sonrisa ligera que ocultaba su ansiedad.