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El reloj marcaba las once de la noche cuando Brielle cerró la puerta tras George, sintiendo el peso de la conversación que acababan de tener. No podía evitar preguntarse qué tan sinceras habían sido sus palabras, qué tanto de ese encuentro improvisado era fruto de la casualidad o de algo que él realmente había planeado. Sin embargo, antes de que pudiera detenerse a analizarlo, un sonido interrumpió sus pensamientos.
Golpes insistentes en la puerta.
Brielle giró rápidamente, todavía con la mano en el picaporte. Pensó que George había olvidado algo, pero al abrir, encontró a John frente a ella, con una expresión que mezclaba cansancio y algo más difícil de descifrar: ¿preocupación? ¿Sospecha?
—¿Qué haces despierta a estas horas? —preguntó sin rodeos, pasando junto a ella antes de que pudiera detenerlo.
—John, ¿qué haces aquí? —replicó Brielle, cerrando la puerta tras él con un chasquido nervioso.
—Vi salir a George en un taxi, y no sé por qué, pero tuve la sensación de que venía a verte —respondió, con los ojos recorriendo el pequeño apartamento como si buscara alguna evidencia de lo que sospechaba.
Brielle sintió cómo el calor subía a sus mejillas, pero se cruzó de brazos, tratando de mantener la calma.
—¿Y qué si lo hizo? No tiene nada de malo.
John se detuvo, girándose para mirarla directamente.
—¿Nada de malo? —repitió, arqueando una ceja. Su tono era bajo, pero la intensidad de su mirada lo decía todo.
Brielle sabía que estaba pisando terreno peligroso, pero no iba a dejar que John la intimidara.
—No, John. Nada de malo. George y yo somos amigos. ¿O es que ahora tengo que justificar con quién hablo?
El silencio que siguió fue tan tenso que podía cortarse con un cuchillo. Pero antes de que John pudiera responder, un ruido desde la habitación contigua llamó su atención.
—¿Qué fue eso? —preguntó, avanzando hacia la puerta cerrada.
Brielle se interpuso rápidamente, bloqueando su paso.
—Nada. Sólo el viento moviendo las cosas.
John entrecerró los ojos, claramente dudando de su explicación, pero finalmente retrocedió.
—Voy a creer que no me estás escondiendo nada, Brielle. Pero si descubro que algo raro está pasando entre tú y George...
No terminó la frase. No necesitaba hacerlo.
Cuando finalmente se marchó, Brielle dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo. Cerró la puerta con cuidado y se giró hacia la habitación contigua.
—Puedes salir ahora.
George apareció lentamente, con el rostro tenso y las manos metidas en los bolsillos de su abrigo.