/ cap. O43

18 2 2
                                        

El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Brielle abrió la puerta de su apartamento, su cabello aún húmedo por la ducha y envuelta en un suéter grueso para combatir el frío

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Brielle abrió la puerta de su apartamento, su cabello aún húmedo por la ducha y envuelta en un suéter grueso para combatir el frío. Había pasado el día reorganizando sus cosas y tratando de ignorar la inquietud que le provocaba todo lo sucedido la noche anterior. Sin embargo, apenas puso un pie en su pequeña sala, el timbre sonó, sobresaltándola.

Al mirar por la mirilla, el corazón le dio un vuelco. Era George, de pie en el pasillo, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el suelo.

Brielle abrió la puerta lentamente, sin saber si debía sentirse sorprendida o aliviada.

—¿George? ¿Qué haces aquí?

Él levantó la vista, y sus ojos parecían reflejar una mezcla de nerviosismo y determinación.

—Lo siento por venir sin avisar. Sé que seguramente estás ocupada, pero... no podía quedarme tranquilo.

Ella ladeó la cabeza, invitándolo a pasar con un gesto. George entró y miró alrededor, como si el espacio pequeño pero acogedor de Brielle fuera un reflejo de ella misma: sencillo, pero lleno de detalles que hablaban de quién era.

—¿Quieres té o algo? —preguntó, rompiendo el silencio mientras cerraba la puerta.

—No, gracias. No me quedaré mucho —respondió él, aunque parecía poco convencido.

Brielle se sentó en el sillón y le hizo un gesto para que hiciera lo mismo. George, sin embargo, permaneció de pie, inquieto.

—Paul me hizo pensar en algo —comenzó, pasando una mano por su cabello.

—¿Paul? —Brielle frunció el ceño—. ¿Qué pasó?

George suspiró y se sentó finalmente, frente a ella.

—Sabe que algo pasa entre nosotros. No dijo nada directamente, pero… no es tonto.

Brielle sintió un nudo formarse en su estómago.

—¿Se lo va a decir a John?

—No lo hará. No aún, al menos. Pero eso no es lo que importa. —George la miró con una intensidad que la dejó inmóvil—. Lo que importa es lo que me dijo después.

—¿Qué te dijo?

—Que no deje que el miedo me impida hacer lo que quiero.

Las palabras parecían colgar en el aire, pesadas pero cargadas de significado. Brielle no supo qué responder, así que optó por mantenerse en silencio, dejando que George continuara.

—Y no quiero que ese miedo nos detenga, Brielle. No quiero que nos escondamos más de lo necesario.

Ella sintió cómo sus mejillas se calentaban, no sólo por las palabras, sino por la manera en que George la miraba, como si cada palabra que decía fuera un paso hacia un lugar donde sólo existieran ellos dos.

/    Confuso Amor        ?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora