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(Salto de Tiempo) 22 De Marzo, 1963
La primavera apenas comenzaba a teñir Liverpool de un tímido verdor. Las calles, aunque todavía frías, parecían respirar con una energía renovada. En un pequeño salón que Mimi había decorado con modestos arreglos florales, los ecos del éxito reciente comenzaban a resonar. El primer álbum de los Beatles, Please Please Me, había salido al mundo ese día, y aunque la celebración no era ostentosa, el ambiente estaba cargado de orgullo y promesas de un futuro brillante.
Brielle cruzó el umbral con una mezcla de emociones. La independencia que había logrado en los últimos años le daba una confianza que antes no poseía, pero pisar nuevamente el terreno familiar de su infancia traía consigo recuerdos que nunca habían dejado de habitar en su corazón.
—¡Brielle! —exclamó John, al verla entrar. Su hermano se acercó a abrazarla con una sonrisa que mezclaba orgullo y cansancio—. Pensé que no vendrías.
—¿Y perderme el gran momento de mi hermano? —respondió ella, devolviendo el abrazo—. Ni lo sueñes.
John rió, llevándola al centro de la sala donde los demás comenzaban a reunirse. Cynthia estaba junto a Mimi, sirviendo té y conversando con Paul, que hacía reír a ambas con una de sus bromas habituales. Ringo, sentado en un sillón, estaba absorto en un pastelillo, mientras George, algo apartado, afinaba su guitarra con una concentración que parecía deliberada.
Brielle sintió un leve nudo en el estómago al verlo. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que se hablaron con sinceridad que ahora, incluso estando en la misma habitación, la distancia entre ellos parecía insalvable.
—Anda, saluda a George —le susurró John al oído, como si percibiera algo en su expresión—. Últimamente anda más serio que de costumbre.
—¿Tú crees? —respondió Brielle, esforzándose por sonar despreocupada.
—Sí. Tal vez necesite ver una cara conocida.
Brielle asintió lentamente y comenzó a caminar hacia él, su corazón latiendo un poco más rápido con cada paso.
Brielle se detuvo frente a George, que aún afinaba su guitarra sin levantar la vista.
—¿Siempre encuentras una excusa para trabajar incluso en una celebración? —dijo ella suavemente, tratando de romper el hielo.
George alzó la mirada y, al verla, una sonrisa ligera apareció en su rostro, aunque rápidamente volvió a enfocar su atención en las cuerdas.
—Alguien tiene que mantener todo afinado —respondió, con un tono que intentaba ser casual, pero que traicionaba cierta tensión.
Brielle sonrió, aunque la distancia entre ellos todavía se sentía.
—El álbum suena increíble, George. Todos ustedes hicieron algo especial. Estoy… estoy orgullosa de ti.