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El pub parecía más ruidoso con cada trago que pasaba, o quizás era el alcohol el que hacía que todo pareciera una escena de ensueño, un torbellino de luces amarillentas y risas desordenadas. George estaba sentado junto a Brielle, ambos con los ojos brillantes por el efecto de las pintas que llevaban ya acumuladas. John estaba en la barra, tambaleándose al intentar pedir otra ronda, mientras Paul y Ringo discutían algo absurdo sobre quién podía equilibrar más monedas sobre la nariz.
—Sabes, George, —dijo Brielle, inclinándose un poco hacia él con una sonrisa que era mitad desafío, mitad travesura—, no sé cómo sigues tan callado con todo este escándalo.
Él la miró de reojo, con una leve sonrisa curvando sus labios.
—A veces, no hace falta hablar tanto. —Su tono era más relajado de lo habitual, las palabras arrastradas por el alcohol, pero todavía sonaban sinceras.
Brielle soltó una risa, el sonido perdiéndose entre la música y el murmullo de las conversaciones.
—¿Siempre tan misterioso? ¿O es que no quieres que descubra tus secretos?
George levantó una ceja, divertido, y se inclinó un poco más hacia ella, hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros.
—Tal vez no sea yo el que tiene secretos.
Esa cercanía inesperada hizo que Brielle tragara saliva. El calor del pub, mezclado con el efecto del alcohol y la intensidad de la mirada de George, la tenía casi mareada.
—¿Qué estás insinuando, Harrison? —murmuró, intentando sonar segura, aunque su voz tenía un ligero temblor.
George no respondió de inmediato. En lugar de eso, tomó un largo sorbo de su cerveza, como si estuviera considerando sus palabras. Luego dejó el vaso con un golpe suave sobre la mesa.
—Nada. Solo que tú pareces… interesante esta noche.
La frase parecía inocente, pero el modo en que lo dijo, bajo y casi íntimo, la hizo estremecerse.
—¿Y normalmente no lo soy? —respondió Brielle, alzando una ceja con un intento de sarcasmo, aunque sabía que el rubor en sus mejillas la delataba.
George sonrió, esa sonrisa lenta y perezosa que siempre parecía hacerle parecer más seguro de lo que en realidad era.
—Siempre lo eres.
Brielle sintió que el aire entre ellos se cargaba de algo que no sabía definir, algo que ni el ruido del pub ni la risa de John, ahora tratando de convencer a un desconocido de cantar con él, podían romper.
—Esto es raro —dijo ella finalmente, rompiendo la tensión con una risa nerviosa.
—¿Raro? —repitió George, inclinando la cabeza, como si realmente estuviera pensando en su respuesta.