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(Salto de Tiempo) 23 de Agosto, 1962
El pequeño registro civil de Mount Pleasant tenía un aire solemne, aunque la intimidad del momento parecía envolver el lugar en una atmósfera cálida. La mañana había sido de nubes bajas, típica de Liverpool, pero la lluvia había dado tregua justo a tiempo. Cynthia, con un vestido sencillo y un ramo improvisado de flores silvestres, parecía estar en paz mientras se ajustaba el velo. A su lado, John, en un traje oscuro que no lograba ocultar del todo su nerviosismo, intentaba mantener la compostura.
Brielle observaba todo desde la esquina de la sala, mezclando sentimientos que ni siquiera ella entendía del todo. Había sido un evento apresurado, con pocos invitados: sólo la familia más cercana y los compañeros de banda de John, salvo Pete Best, que había dejado de ser parte del grupo semanas atrás. George, vestido de forma impecable pero con una expresión distante, permanecía de pie junto a Paul y Ringo, quienes cuchicheaban en voz baja entre ellos.
El juez de paz carraspeó, llamando la atención de todos. La ceremonia comenzó de inmediato, sin extravagancias ni formalidades innecesarias. Brielle intentó concentrarse en las palabras del juez, pero su mirada regresaba una y otra vez hacia George. Él, por su parte, evitaba mirarla, manteniendo los ojos fijos en algún punto invisible frente a él.
Cuando el juez pronunció el esperado "puedes besar a la novia", un tímido aplauso llenó el salón. Cynthia sonrió radiante, y John, algo torpe, le dio un beso que selló el momento. Sin embargo, la alegría general no logró borrar la sensación de tensión que flotaba entre los pocos presentes.
Al salir al exterior, el grupo se reunió bajo el cielo grisáceo para tomarse una fotografía improvisada. Paul, siempre elocuente, intentó romper el hielo:
—Bueno, John, al menos no tuvimos que gastar en champán. Creo que hasta el cielo lo celebró y se quedó seco.
La broma arrancó algunas risas, aunque la de John fue breve y algo forzada. Mientras posaban para la foto, George finalmente dejó que su mirada se cruzara con la de Brielle, aunque sólo por un segundo. Ese instante bastó para que ella sintiera un nudo en el estómago. Desde aquella noche en su habitación, y momentos compartidos, las cosas entre ellos habían cambiado de manera irreversible, aunque no lo hubieran discutido abiertamente.
Mientras los invitados comenzaban a dispersarse, Mimi se acercó a Brielle con su típico porte severo.
—Vamos, Brielle. No quiero que lleguemos tarde al almuerzo.
—Ya voy, tía —respondió ella, aunque su mirada seguía clavada en George, quien hablaba con Ringo en la acera.
Mimi siguió el rumbo de su mirada y frunció el ceño.
—Te advertí sobre eso, niña —dijo en voz baja, pero con un tono cargado de significado.
Brielle apretó los labios y, sin responder, caminó hacia el auto donde Mimi ya esperaba. Antes de entrar, miró una vez más hacia atrás. George la observaba desde la distancia, con esa mezcla de vulnerabilidad y fuerza que sólo ella parecía notar.