#Elysian
-Bien, eso es una expresión más o menos ... Humana.
En donde Spencer Reid se encuentra intrigado por su nueva compañera Mia Belucci.
O en donde Mia Belucci encuentra una extraña comodidad con Spencer Reid.
Inicio: 28/10/2024
Termino: 02...
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El reloj marcaba las diez de la mañana de un tranquilo sábado, y Mía disfrutaba del raro placer de un día libre.
Con el caso del escultor resuelto, y el equipo tomando un merecido descanso, había decidido aprovechar la mañana para ir a un supermercado, otro pequeño placer que la hacía sentir un poco más humana, después de semanas dedicadas a analizar las mentes más oscuras de la sociedad.
Empujaba su carrito entre los pasillos, con la lista de ingredientes en su cabeza, para un almuerzo que había planeado preparar.
Cocinar era su forma de descomprimirse, le permitía alejarse por un rato de los rostros, los crímenes, pero hoy a medida que recogía especias y verduras su mente comenzó a viajar hacia cierto agente de la UAC que, sin querer, había comenzado a ocupar un espacio más en sus pensamientos.
—Necesito un poco de helado de piña— murmuró para su misma.
Y así fue como casi manifestando al doctor de la unidad, doblando por la esquina del pasillo de los platos preparados, se detuvo en seco.
Observó para sus costados antes de ver al joven que estaba de pie frente a ella.
—Creo que debería de poner atención al libro de manifestaciones que me sugirió Penélope.
Casi frente a ella, con la mirada concentrada en una caja de comida congelada, se encontraba Spencer Reid.
El genio aún no la había visto y la castaña no pudo evitar sonreír ante la escena: el brillante doctor, parecía completamente perdido frente a una variedad de opciones congeladas.
—¿En serio, Dolcezza?— bromeó, mientras empujaba el carrito acompañada de una sonrisa socarrona— Pensaba que tú mente brillante, sería capaz de procesar Algo más nutritivo que comida para microondas.
Spencer levantó la vista, claramente sorprendido, aún así sus labios se curvaron en una sonrisa tímida al reconocerla.
—Hola, Mía— alzó su mano con un toque de vergüenza— Supongo, que no soy muy bueno en esto de la cocina, siempre termino comprando lo más rápido y fácil.
La castaña deslizó sus ojos a la caja que tenía en sus manos, y no pudo fingir la mueca que apareció en sus labios.
—¿Macarrones con queso? — dio vuelta por su carrito, para tomar la caja que estaba en las manos del genio — Esto ni siquiera cuenta como comida real ¿Qué te parecería un almuerzo decente? Disfrutar de un poco de gastronomía italiana.
La vista del joven genio, pasó de ls caja que la castaña sostenía entre sus manos, hasta donde estaban sus ojos, no estaba muy seguro si debía de abusar de su buena voluntad: pero había algo en su mirada, algo que lo hizo aceptar.