#Elysian
-Bien, eso es una expresión más o menos ... Humana.
En donde Spencer Reid se encuentra intrigado por su nueva compañera Mia Belucci.
O en donde Mia Belucci encuentra una extraña comodidad con Spencer Reid.
Inicio: 28/10/2024
Termino: 02...
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Aquel día la joven psicóloga despertó, el olor a humedad y encierro penetraron por completo sus sentidos.
Sus muñecas dolían bajo el peso de las cadenas que las amarraban, y su cuerpo estaba tenso tras días de intensa incomodidad.
Frente a ella, Jim entró con una sonrisa extrañamente serena. Llevaba una camisa blanca remangada y una corbata mal ajustada que intentaba imitar el estilo de Spencer Reid. Incluso había desordenado su cabello para parecerse al genio, un detalle que solo lograba aumentar la incomodidad de Mia.
—Buenos días, Ángel —dijo Jim, su voz se había visto afectada por un tono que intentaba ser suave pero que resultaba más escalofriante.
La castaña cerró los ojos con fuerza, no le gustaba como la llamaba y el que intentara hacerlo desde su disfraz, solo lograba perturbarla.
—No te atrevas a seguir llamándome así —respondió, su voz salió algo rasposa por el esfuerzo.
El hombre de cabellos oscuros inclinó la cabeza, como si no entendiera su rechazo.
—¿Por qué te molesta? Lo hago por ti. Por nosotros—las manos del hombre señalaron de la castaña a su propio cuerpo con desesperación.
—¿"Nosotros"? No existe un "nosotros", Jim. Solo son tú y tu absurda fantasía —replicó, con una firmeza que luchaba por mantener.
Jim suspiró, alejándose por un momento. Luego se giró hacia ella con un brillo oscuro en sus ojos.
—Creo que es momento de que entiendas por qué estamos aquí, Ángel.
[•••]
El lugar parecía haber cambiado totalmente desde la mente de Jim, su relato los había transportado a aquel tiempo en que la castaña era su doctora y el su paciente.
—Estábamos en esa fría sala de visitas, ¿recuerdas? Yo era solo un número más, un expediente en tu escritorio —comenzó, caminando lentamente por la habitación.
Mia recordó aquellas sesiones. Jim había sido un prisionero con una condena por agresión grave y acoso.
Había sido un caso difícil, alguien con problemas evidentes de control de impulsos y una peligrosa capacidad para manipular a quienes lo rodeaban.
Claro para ese entonces el sujeto no había matado a nadie, jamás hubiese imaginado que la raíz podría ser aquella obsesión en su interior.
—Pero tú eras diferente, Mia. No me tratabas como a los demás. Me miraste a los ojos, me hablaste con respeto, lo supe en ese momento, eras un ángel, mi alma gemela— su mirada se elevó al techo como si estuviera en una Epifanía absoluta— Me dijiste que había esperanza para mí, que podía ser mejor. ¿Sabes lo que eso significó?