[\] VEINTINUEVE

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V E I N T I N U E V E
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El bar estaba repleto y el aire se encontraba cargado de risas, conversaciones animadas y música de fondo que se mezclaba con el bullicio general

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El bar estaba repleto y el aire se encontraba cargado de risas, conversaciones animadas y música de fondo que se mezclaba con el bullicio general.

La castaña aquella se encontraba rodeada de sus compañeras, JJ, Penélope y Emily, todas sentadas en un reservado cómodo y apartado del bar.

Tras semanas intensas de casos y largas horas de trabajo, aquella salida nocturna era justo lo que las cuatro necesitaban para desconectar.

—¡Brindemos por ser las mujeres más rudas de la UAC! —exclamó Penélope, levantando su copa llena de un cóctel colorido.

—¡Por eso! —corearon las demás, riendo y entrechocando sus copas.

La psicóloga, añadió con una sonrisa divertida mientras le guiñaba un ojo a sus compañeras.

—Y por ser las únicas que podemos aguantar trabajar con un grupo de hombres que piensan que siempre tienen la razón— Las mujeres volvieron a chocar sus copas para beber de su contenido.

JJ y Emily se rieron, mientras que la tecnóloga del equipo por poco casi escupía su trago de risa.

—Oh, cariño, no sabes cuántas veces he querido enviar a Morgan a dar una vuelta en mi servidor solo para que deje de presumir sus músculos —añadió García, sacando carcajadas de todas—Aunque creo que lo podía permitir solo un poco.

A medida que la noche avanzaba, las bebidas fluían y la conversación se volvía más desinhibida.

JJ relató anécdotas divertidas de casos anteriores, Emily se unió con historias sobre su primer año en la unidad, y García, como siempre, mantuvo el ambiente ligero con sus chistes y comentarios ingeniosos.

Mía, por su parte, había perdido la cuenta de cuántos cócteles llevaba, pero se sentía ligera y despreocupada, una sensación que rara vez experimentaba.

Había pasado tanto tiempo manteniéndose en control que permitirse relajarse por una noche le parecía de lo más liberador.

Cuando la noche comenzó a decaer y el bar empezó a vaciarse, Penny observó su reloj para poder añadir.

—Chicas—Comenzo— creo que es hora de ir a casa antes de que terminemos durmiendo aquí mismo.

—Sí, creo que yo también... —JJ trató de levantarse, pero la castaña le dio un empujón amistoso, casi haciéndola caer de vuelta en su asiento.

—Oh no, querida mía. Tú no te irás hasta que termines ese último trago —dijo la italiana, apuntando con el dedo a la copa de JJ.

Sin embargo, cuando finalmente decidieron salir, se dieron cuenta de un pequeño problema: aquella guapa psicóloga de la unidad estaba demasiado ebria como para conducir.

𝐄𝐥𝐲𝐬𝐢𝐚𝐧 - 𝐒𝐩𝐞𝐧𝐜𝐞𝐫 𝐑𝐞𝐢𝐝.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora