[\] CINCUENTA Y NUEVE

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C I N C U E N T A Y N U E V E
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No era justo y no quería pasar por eso, durante siete meses de su vida había evitado el subir al estrado, había mandado incluso una declaración por video

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No era justo y no quería pasar por eso, durante siete meses de su vida había evitado el subir al estrado, había mandado incluso una declaración por video.

No quería estar en la misma habitación que Jim Dale y eso era por obvias razones, pero aquel día, era el día clave y debía de estar presente o al menos eso era lo que le habían dicho.

Mia respiró profundamente antes de entrar a la sala del tribunal. El eco de sus tacones resonaba en el pasillo, acompañando el latido acelerado de su corazón.

A pesar del apoyo de Spencer, que caminaba junto a ella, la tensión era insoportable. Desde que supo que tendría que testificar contra Jim nuevamente pero ahora de forma presencial, las noches se habían vuelto más largas y las sombras más pesadas.

Al cruzar la puerta, lo vio. Jim estaba sentado en el banquillo de los acusados, con las muñecas esposadas y una mirada fría, pero con un destello de obsesión en los ojos cuando se cruzaron con los de ella.

Mia sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y por un segundo, casi olvidó cómo respirar.

El genio de cabellos castaños, susurró en su oído a la vez que una reconfortante mano se posaba en la espalda de la castaña, al momento de notar su tensión.

—Estoy aquí—Fueron sus palabras—No tienes que hacerlo sola.

La italiana asintió, agarrando con fuerza la pequeña nota que había escrito para recordarse que todo esto tenía un propósito: justicia.

Cuando el juez pidió a Mia que subiera al estrado, el silencio en la sala fue abrumador. Con cada paso que daba hacia el lugar designado, sentía que las cadenas de su pasado se apretaban al rededor de su cuello, sus manos, su cuello y era asfixiante.

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—Señorita Belucci, ¿podría usted  relatar lo que ocurrió durante su secuestro? —preguntó el fiscal, con una voz firme pero que a su vez sonaba comprensiva.

La italiana tragó con dureza al inicio, mientras su voz comenzaba a mostrarse temblorosa pero con todos sus intentos en mantenerse estable.

—Jim me secuestró mientras estaba en una cafetería. Me drogó y me llevó a una casa abandonada... Me encadenó a una cama y... —Se detuvo, cerrando los ojos un instante mientras trataba de contener las lágrimas—. Se disfrazaba de las personas más importantes para mí, adoptando incluso sus gestos, su voz... Quería que creyera por completo que eran ellos.

No mencionaría a Spencer, no lo arrastraría a aquello, pero de su mente no desapareció aquella imagen del Jim disfrazado del hombre que amaba.

El murmullo en la sala fue inmediato, pero Mia continuó, encontrando fuerza en lo más profundo de su ser, observando más allá de los abogados donde el rostro de Morgan, Spencer, Penélope y el resto del equipo la esperaban.

𝐄𝐥𝐲𝐬𝐢𝐚𝐧 - 𝐒𝐩𝐞𝐧𝐜𝐞𝐫 𝐑𝐞𝐢𝐝.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora