#Elysian
-Bien, eso es una expresión más o menos ... Humana.
En donde Spencer Reid se encuentra intrigado por su nueva compañera Mia Belucci.
O en donde Mia Belucci encuentra una extraña comodidad con Spencer Reid.
Inicio: 28/10/2024
Termino: 02...
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El sol entraba suavemente por la ventana del dormitorio, iluminando la habitación donde Spencer y Mia descansaban.
A través de la habitación, se podía escuchar el suave murmullo de la respiración tranquila de su hijo, Nathaniel James Reid, conocido cariñosamente como Nate.
Habían pasado ya cuatro meses desde el día que llegaron al hospital, un día que parecía sacado de un sueño para la italiana, donde cada segundo se alargaba y el miedo a lo desconocido se desvanecía al escuchar el primer llanto de su bebé, su hijo con él.
El amor de su vida. Su ancla a la tierra. La persona más importante en su vida. Su esposo: Spencer Reid.
A esa hora de la mañana, Spencer estaba levantado, ya con su bata puesta, sosteniendo a Nate en sus brazos mientras lo balanceaba suavemente, intentando calmarlo después de una pequeña molestia nocturna.
La ya señora Reid, aunque medio dormida, observaba la escena desde su cama, con una sonrisa tranquila en el rostro. Los tres, en ese pequeño instante, juntos.
—Te está mirando, ¿lo ves? —comentó Spencer, mirándola a través de la habitación, como si sus ojos aún no creyeran que la familia que habían formado era real. —Le encanta verte dormir.
Mia sonrió, se acomodó en la cama y, con voz suave y melancólica, dijo:
—Él es todo lo que siempre quise. Y más.
Spencer se acercó a la cama con Nate en brazos, quien ya había comenzado a quedarse dormido nuevamente. La luz dorada del amanecer resaltaba los detalles de la cara de su hijo.
La psicóloga levantó la manta para cubrirse mejor, mientras Spencer se sentaba al borde de la cama, entregándole a su hijo a su madre, con esa tranquilidad que solo los padres experimentan cuando se sienten plenos.
Mia sostuvo a Nate en sus brazos, mirando su pequeño rostro, sintiendo el latido de su corazón junto al suyo. En ese instante, no hubo palabras suficientes para describir lo que sentían, pero las lágrimas en los ojos de la bonita castaña hablaban por sí solas.
—Cara mía... —dijo Spencer en voz baja, recostándose junto a ella en la cama. —¿Te has dado cuenta de que lo que soñábamos hace años está aquí? Él está aquí, con nosotros.
—Lo sé. —Mia suspiró, acariciando el cabello de su hijo. —Nunca me imaginé que sería tan perfecto.
Las semanas y meses que siguieron fueron como un torbellino de emociones para los tres. Mia dejó atrás las largas horas de trabajo en la UAC y se dedicó completamente a su nueva consulta y a su familia.
No fue fácil, los dioses saben que no lo fue, pero todo parecía encajar a la perfección cuando veía la sonrisa de Spencer cada vez que llegaba a casa.