[\] SETENTA Y DOS

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S E T E N T A Y D O S.
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No era nada normal, claro que no lo era, es decir, Spencer Reid siempre le había atraído sexualmente, mucho pero esto

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No era nada normal, claro que no lo era, es decir, Spencer Reid siempre le había atraído sexualmente, mucho pero esto... esto tenía que ser algo más.

—Te gusta eso ¿no? — Preguntó el hombre.

—Dioses — Arqueo su espalda contra el pecho del castaño cerrando los ojos — Me gusta mucho.

Su libido sexual había aumentado, y en aquel momento todo lo que podía sentir y enloquecer sus sentidos por completo eran los dedos de Spencer entrando y saliendo de su interior.

—Tres veces — Jadeo el genio sobre los labios de la castaña, mordisqueó, lamió y absorbió los labios de su esposa entre los propios— Le explicarás a Hotch mi tardanza.

—¿Quieres eso?— Murmuró mientras la ola de deseo la envolvía — de... de verdad quieres que le diga a Hotch que llegas tarde ¿porque me estás follando?

Algo parecido aún gruñido salió de la garganta del genio, entonces sus hábiles dedos fueron remplazados por su gruesa virilidad.

Las manos de la joven psicóloga, se enterraron en la espalda de su esposo, sus torneadas piernas se separaron un poco más para recibirlo, por tercera vez en aquella mañana, lo necesitaba Dioses, como lo necesitaba llenándola en su interior.

Necesitaba sentir como Spencer la nublaba por completo, como solo por sus embestidas nublaba sus preocupaciones, como el tenerlo en su interior la había sentir un sentimiento de que todo eso era correcto de que la italiana le pertenecía y que el genio de Las vegas le pertenecía también.

Dejó de contar y solo se concentró en el delicioso placer que le brindaba el castaño, las manos del prodigio recorrieron el cuerpo de su esposa, deteniéndose en sus pechos, jugueteando con sus pezones y reemplazando sus dedos por sus dientes, mordisqueando suavemente de la punta.

—Más...más profundo.— Pidió, y Spencer pensó que podría perder el control en cualquier momento— Por favor...Dolcezza.

Nunca tienes que pedir porfavor cara mía — había susurrado — lo dices y lo tienes.

Así fue, tal como él de ojos mieles había dicho. Los movimientos de su cadera fueron en aumento, todo lo que se podía escuchar en la habitación eran el choque de sus pieles desnudas, y el golpeteo de la cama contra la pared.

La castaña mordió su labio inferior cuando apretó más sus piernas al rededor desnudas la cadera de Spencer, ensombrecida por la nube de placer que la envolvió de pies a cabeza.

El genio Reid sintió como el interior de su castaña lo envolvía, lo apretaba y se amoldaba a su longitud, no pasaron más de unos cuantos momentos antes de que el hombre liberara su esencia y de que Mia Belucci Reid por tercer momento en aquella mañana tuviese su orgasmo.

𝐄𝐥𝐲𝐬𝐢𝐚𝐧 - 𝐒𝐩𝐞𝐧𝐜𝐞𝐫 𝐑𝐞𝐢𝐝.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora