XIV

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El sol japonés brillaba intensamente sobre el Circuito de Suzuka, reflejando su luz en los monoplazas estacionados en la parrilla de salida. Marie estaba sentada en el hospitality de Ferrari, con su traje del equipo ya guardado y una gorra que protegía su rostro de los rayos del sol. Observaba a lo lejos cómo su papá Charles caminaba con determinación hacia el garaje, intercambiando algunas palabras con los ingenieros. Carlos por su parte, estaba revisando los últimos detalles con su ingeniero de pista, su rostro concentrado como siempre antes de una carrera.

Marie sonrió con nostalgia, sus ojos brillando de emoción y orgullo. Ver a sus padres en su elemento le recordaba los días en los que, siendo apenas una niña, los seguía como su sombra, maravillada por el mundo de la Fórmula 1. Solía correr por los paddocks con una bandera en la mano, soñando con el día en que sería ella quien se pusiera detrás del volante de un monoplaza.

Y ahora, ese sueño era una realidad.

— Marie, ¿quieres venir al pit wall durante la carrera?— preguntó uno de los ingenieros de Ferrari, asomándose al hospitality.

Ella asintió emocionada.

— ¡Por supuesto!

Con rapidez, tomó su radio y siguió al ingeniero hasta el muro de boxes, donde ya estaban preparados los estrategas del equipo. Desde allí, tenía una vista privilegiada de la parrilla y del circuito. Cuando sus papás pasaron cerca de su posición durante el desfile de pilotos, le  lanzaron una sonrisa y un gesto con la mano. Marie respondió con entusiasmo, levantando el pulgar en señal de apoyo.

Un poco más tarde, Carlos al subir a su monoplaza, también la buscó con la mirada. Cuando la encontró, le guiñó un ojo, un gesto que le recordaba que ambos sabían exactamente lo que significaba estar en ese lugar, listos para darlo todo.

— Siempre los mismos de antes.— murmuró para sí misma, divertida, mientras se acomodaba los auriculares.

Cuando comenzó la carrera, la emoción creció dentro de ella. Sentía cada giro, cada adelantamiento, como si estuviera al volante de su propio coche. El rugido de los motores y el sonido de los neumáticos deslizándose sobre el asfalto la envolvían, transportándola a las miles de veces que había imaginado estar en ese lugar mientras veía a sus papás competir.

La carrera fue intensa. Ambos padres lucharon por las posiciones, mostrando la calidad que los hacía dos de los mejores pilotos de la parrilla. Marie seguía las estrategias desde el pit wall, intercambiando comentarios con los ingenieros y disfrutando de cada segundo.

Cuando la bandera a cuadros cayó, Carlos terminó segundo asegurando un podio para el equipo, mientras que Charles cruzó en cuarto lugar, después de una batalla cerrada con uno de los Red Bull. Marie corrió hacia el parque cerrado, mezclándose con los mecánicos y demás miembros del equipo, ansiosa por felicitar a sus papás.

— ¡Increíble carrera, papá!— dijo mientras abrazaba a Carlos, que aún estaba quitándose el casco.

— Gracias, princesa. ¿Qué tal se vio desde el pit wall?— respondió él, con una gran sonrisa.

— Como siempre, ¡espectacular!— rió Marie antes de girarse hacia Charles.—  Papá, lo hiciste increíble en esas últimas vueltas.

Charles, que aún estaba sudando, le devolvió el abrazo y le plantó un beso en la frente.

— Gracias, trésor. Pero dime, ¿ya extrañas estar al volante?

Marie lo miró con una sonrisa llena de determinación.

— Siempre. Pero hoy era su día y yo solo quería ser su fan número uno.

Ambos hombres rieron, orgullosos de la joven piloto en la que su hija se había convertido. En ese momento, mientras las luces del podio se encendían y el equipo celebraba, Marie sintió una conexión especial con ese lugar. Suzuka había sido el escenario de muchos recuerdos familiares y ahora, como piloto y espectadora, entendía más que nunca lo que significaba formar parte de ese mundo.

❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora