El día de la despedida llegó rápido. En el aeropuerto Marie, Charles y Carlos trataban de alargar cada minuto, sabiendo que la temporada los separaría por más tiempo de lo habitual, pues las primeras tres carreras serian en paises diferentes, mientras Marie iría a Alemania, sus padres correrían en Australia y se verian hasta en la cuarta carrera de la temporada; Japón. Charles, que solía ser el más sereno, esta vez tenía los ojos algo vidriosos mientras sostenía las manos de su hija.
— No puedo creer que te vas sola a Alemania.— dijo, tratando de sonreír, aunque su voz dejaba ver la mezcla de orgullo y melancolía.
Marie le dio un apretón suave.
— Papá, voy a estar bien. Además, no estaré completamente sola; el equipo me apoyará.
Charles suspiró. — Lo sé, lo sé. Es solo que... esta es tu primera carrera, Marie. Y siento que debería estar ahí, apoyándote desde el pit como lo hacíamos cuando competías en categorías menores. No se siente bien dejarte ir sola.
— Aunque tendremos nuestra primera carrera de la temporada en Australia...—interrumpió Carlos con una sonrisa comprensiva, aunque él también parecía un poco afectado. — Pero prométenos que vas a llamar si necesitas algo. Cualquier cosa, Marie. Si te sientes sola, si tienes una pregunta, si necesitas desahogarte, a la hora que sea.
Marie asintió con una sonrisa cálida, aunque también sentía un nudo en la garganta.
— Lo prometo. Y nos veremos en Japón, ¿recuerdan? No falta mucho para eso.
Charles la abrazó fuerte, y al oído, le susurró con cariño: — Estamos tan orgullosos de ti, Marie. No tienes que demostrarle nada a nadie, ¿sí? Solo disfruta y sé tú misma. Sé que eres más que capaz.
Marie asintió, cerrando los ojos para grabar el momento. — Gracias, papá. Y ustedes tampoco olviden disfrutar su última temporada. Sé que van a hacer algo grandioso.
Carlos no pudo evitar una risa suave y le dio un abrazo. — Te vamos a extrañar, niña.— Se alejó solo un poco para mirarla a los ojos.— Demuéstrales de lo que estás hecha, como una auténtica Sainz y Leclerc pero, sobre todo como Marie. Nos vemos pronto.
Tras un último abrazo en grupo, Marie se despidió y abordó el avión que la llevaría a Alemania. Aunque estaba emocionada por su primera carrera, la despedida había dejado una sensación agridulce en su corazón.
Al aterrizar en Alemania, alguien del equipo la estaba esperando y la condujo hasta el hotel. A pesar de la gran emoción Marie sentía una ligera tensión al ver la agenda de la semana, repleta de actividades de promoción y entrevistas. Su debut había atraído una enorme atención, y no era para menos: todos querían ver de qué estaba hecha la hija de Charles Leclerc y Carlos Sainz.
La mañana siguiente comenzó temprano y su día estuvo lleno de entrevistas, sesiones de fotos y reuniones con el equipo. La presión era constante; todos querían conocerla, observar cada gesto y analizar cada palabra. Cada vez que alguien la mencionaba como "la hija de dos campeones", Marie sonreía, pero en el fondo le pesaba esa etiqueta. Sabía que la expectativa del público era alta y aunque estaba orgullosa de su herencia, también quería que la reconocieran por sus propios méritos.
Durante una de las entrevistas, el periodista mencionó directamente el tema.
— Marie, muchos creen que llegaste aquí solo por ser hija de dos figuras importantes. ¿Tienes algo que decir a esos críticos?
Marie respiró hondo antes de responder, recordando las palabras de su papá.
— Bueno, entiendo que algunas personas piensen eso, pero desde que era niña he trabajado duro para mejorar en cada paso. Al final, el talento y el esfuerzo hablan en la pista. Si estoy aquí, es porque lo merezco y porque amo lo que hago, no porque alguien me haya abierto la puerta sin que yo me esforzara.
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❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞
أدب الهواةMarie Sainz Leclerc era un nombre que resonaba con fuerza en el mundo del automovilismo. A sus dieciocho años, la joven piloto no solo llevaba en sus venas la pasión por las carreras, sino también el legado de dos de los nombres más aclamados de la...
