Extra - Especial Cumpleaños de Pato

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Parecía un día tranquilo, el sol apenas asomaba por el horizonte y sus primeros rayos se colaban tímidamente por las cortinas de unicornios que colgaban en la habitación. Todo estaba en silencio, excepto por unos leves ronquiditos que delataban que alguien aún dormía profundamente entre las sábanas.

Carlos abrió la puerta con cuidado, asomándose a la habitación donde su hija descansaba hecha un ovillo bajo las cobijas. Avanzó con pasos silenciosos, se sentó al borde de la cama y comenzó a acariciarle el cabello con ternura.

— Marie... princesa, es hora de despertar.— murmuró en voz baja.

La pequeña solo murmuró algo ininteligible, rodó sobre sí misma y le dio la espalda.

— Vamos, que hoy es un día importante.— insistió Carlos, dándole un pequeño golpecito en la espalda, suave como una caricia.

— Cinco minutos más...— farfulló Marie, con voz adormilada.

— No podemos, hay un viaje por hacer.

Ante eso, Marie solo se arropó aún más, cubriéndose desde la cabeza hasta los pies. Carlos soltó un suspiro resignado y empezó a tirar con delicadeza de la cobija.

— Vamos, Marie... — tiró un poco más.

— ¡Papá! —protestó una voz amortiguada desde debajo de la tela.— ¡Si no duermo no voy a poder crecer! ¡Y si no crezco será tu culpa porque no me dejaste dormir!

— No me vengas con excusas científicas a esta hora, jovencita.— gruñó en broma Carlos, sin rendirse. Seguía jalando la cobija con suavidad, pero firmeza.

De repente, una pequeña pierna salió disparada de debajo del edredón y le dio una patada en el brazo.

— ¡Auch!— se quejó él, riendo entre dientes— ¡Eso fue trampa!

Justo en ese momento, Charles apareció en la puerta, frotándose los ojos con gesto de sueño. Miró la escena frente a él: Carlos forcejeando con su hija como si se tratara de una guerra medieval por una cobija encantada.

— ¿Otra vez la batalla matutina? —preguntó con voz cansada.

— ¡No quiero levantarme!— protestó Marie, aún bajo la tela— ¡Estoy creciendo!

— Marie, si no te levantas ahora vamos a llegar tarde al cumpleaños de Pato.—dijo Charles, con simpleza.

Esa sola frase fue como magia. La niña se sentó en la cama de un salto, dejando la cobija suelta de golpe.

Carlos, que todavía estaba jalándola, perdió el equilibrio y cayó al suelo con un quejido.

— ¡Perdón papá!— soltó Marie entre risas, mientras Charles se acercaba para bajarla de la cama.

— No le veo la gracia.— murmuró Carlos desde el suelo mientras se levantaba y recogía la cobija con dramatismo.

— Fue muy gracioso, sí— rió Charles mientras tomaba a su hija en brazos.

Carlos, indignado fingidamente, salió de la habitación con la cobija bajo el brazo.

— Yo doblo cobijas, ustedes terminen de alistarse.

Marie no tardó en contagiarse de la emoción del día. Se estaba preparando para el cumpleaños de su amigo Pato, algo que había esperado durante semanas con una emoción que solo una niña de nueve años podía experimentar. Charles la bañó entre risas y luego la ayudó a vestirse.

Ese día, Marie llevaba una falda de tul en tonos lila y rosa pastel que hacía juego con una camiseta blanca que tenía una ilustración de un pato con gafas de sol y gorra, haciendo referencia a su amigo. Encima, llevaba una chaqueta de mezclilla con parches de estrellas y unicornios. En los pies, unas zapatillas deportivas blancas con luces en la suela que se encendían al caminar. Charles le peinó el cabello en dos trenzas que unió con un moño brillante en la parte posterior.

❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora