XVII

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Era una mañana tranquila en la casa. Los rayos del sol entraban suavemente a través de las ventanas, bañando la cocina en una luz cálida. Carlos estaba en la mesa, bebiendo su café y mirando los papeles del trabajo, mientras Charles con su estilo siempre relajado preparaba el desayuno con la misma dedicación que si fuera para un evento importante. El monegasco, como siempre, se ocupaba de esas pequeñas cosas con cariño.

Carlos estaba sentado con un semblante serio, pensativo. Se había dado cuenta de que tal vez había algo que no estaba funcionando con la forma en que Charles trataba a Marie, pues últimamente la consentía de más. Sabia que su relación con Charles siempre había sido especial. El monegasco, con su ternura infinita era el más protector, el que consentía a Marie con pequeños detalles, desde su desayuno hasta la forma en que la recogía de la escuela. A veces, Carlos se sentía como el padre "estricto" que ponía límites y las reglas. Aunque sabía que Marie adoraba a ambos por igual, había una conexión más visible con Charles. Era hora de hablar con él.

Mon ange, tenemos que hablar sobre Marie.— dijo Carlos con tono serio, mirando su café sin darle mucha importancia a la presencia de su esposo, aunque sus palabras no pasaron desapercibidas.

Charles sonrió levemente mientras batía la mezcla para waffles, sin quitarle la vista a su tarea.

— ¿Sobre qué?— respondió sin mucha preocupación, como si no hubiera nada en el mundo más importante que el desayuno en ese momento.

Carlos suspiró, tratando de controlar su frustración.

— El hecho de que la malcríes tanto...— le dijo en voz baja, pero firme.
Charles, sin dejar de batir la mezcla, levantó una ceja.

— ¿Malcriarla? No la malcrío, solo trato de darle lo mejor. Ella es mi bebé... —respondió, mientras servía los waffles con una sonrisa suave en el rostro.

— ¿Que no ibas hacerle huevos revueltos con tocino?.— preguntó, pues recordaba como el monegasco más temprano ese día había expresado lo que haría de desayuno para su hija.

— Bueno Marie me hizo cambiar de opinión...— explicó.— Además esto le gustará más.

— Ay por Dios debes estar bromeando.— dijo mientras dejaba su taza de café en la mesa.— ¿Otra vez?

— ¿Qué? Ella dijo que los huevos estaban aguados, así que le hice unos waffles.— dijo mientras colocaba unos waffles en un plato.— por favor no hagas un drama, te he visto regresar comida. ¿Recuerdas esa vez en Miami?

— ¡Oye! Para empezar esto no es un restaurante y segundo, mi sopa tenía un diente.— alegó el español mientras se cruzaba de brazos.

— Era un ajo.— Charles se había girado para verlo y tener una mejor conversación.

— ¿Con una amalgama?.— refutó.— ¿en serio Charlie?

Justo en ese momento, Marie apareció en la cocina con su cabello alborotado y llevaba puesta un pijama de pingüinos, muy a juego con su tierna personalidad.

Mientras tomaba asiento en la mesa, Charles le pasaba el plato con waffles al cual le había agregado miel y unos arándanos. La niña inspeccionó su desayuno y luego de unos segundos decidió hablar.

— Uh... no se me antojan los waffles.— dijo mientras inflaba sus mejillas.— ¿puedes hacerme cereal papá Char?

— Claro que sí, ma chérie.— contestó el monegasco con una voz suave.

Carlos, al ver dicha escena decidió interrumpir.

— Por supuesto que no.— dijo con una voz seria.— Marie, debes aprender a aceptar lo que se te da, te vas a acabar los waffles o no vas a desayunar.

❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora