Era una tarde tranquila en casa, una de esas en las que todo parecía estar en orden... hasta que Marie, con apenas cinco años, apareció con un diente flojo. Charles como siempre, estaba lleno de preocupación paternal.
— Mon ange, ese diente se ve muy suelto. ¿Te duele?— preguntó Charles mientras inspeccionaba con cuidado la pequeña boca de su hija.
— No mucho, papá Char.— respondió Marie, aunque parecía más emocionada que preocupada.— ¿Significa que vendrá el ratón de los dientes?
Carlos, que estaba cerca, no pudo evitar intervenir con su típico tono práctico.
— Claro que sí, princesa. Pero para eso hay que sacarlo, ¿no?— dijo con una sonrisa divertida.
Charles lo miró con el ceño fruncido.
— Non, non, non, primero la llevamos al dentista. No vamos a hacer nada sin supervisión profesional.
Carlos se rió suavemente, cruzando los brazos.
— Por favor, Charles. Es solo un diente de leche. Mira hacemos lo que se ha hecho toda la vida: un hilo, lo atamos al diente, un tirón rápido y listo.
Charles se llevó una mano a la frente, como si no pudiera creer lo que escuchaba.
— ¡Eso suena bárbaro! No voy a dejar que mi hija pase por algo tan traumático.
Mientras ellos discutían, Marie, aburrida de escuchar la batalla entre sus padres, decidió ir a buscar algo de comer. Caminó tranquilamente hacia la cocina, abrió la nevera y vio algo que le llamó la atención: unas manzanas rojas y brillantes.
— Mmm, manzanas.— murmuró para sí misma con una sonrisa traviesa. Sin pensarlo dos veces, tomó una.
De regreso en la sala, la discusión seguía escalando.
— Calos, no voy a negociar esto contigo. Es una visita al dentista o nada.— Charles gesticulaba enfáticamente, mientras Carlos levantaba las manos en señal de rendición fingida.
— Está bien amour, lo que tú digas. Pero ya veremos quién tenía razón.— dijo Carlos con una sonrisa que Charles interpretó como un desafío silencioso.
Mientras tanto, Marie ajena a todo, que estaba a punto de empezar a disfrutar de su manzana, no tardó en ser descubierta.
— ¡Marie!— La voz de Charles resonó desde la entrada de la cocina, haciendo que la niña se sobresaltara.— ¿Qué estás haciendo?
Marie giró lentamente, con la manzana en la mano.
— Pues comiendo una manzana, papá.
Charles se llevó una mano a la frente nuevamente, esta vez por una razón diferente.
— Ma chérie, ya comiste tres manzanas hoy. No puedes seguir comiendo tantas. Déjame esa manzana ahora mismo.
Marie, sintiendo que el preciado fruto estaba en peligro, decidió que no se la quitarían tan fácilmente. Con un movimiento rápido, salió corriendo de la cocina, aún sosteniendo la manzana.
— ¡Marie, vuelve aquí!— gritó Charles, comenzando a perseguirla.
La niña pasó corriendo al lado de Carlos, que estaba cerca del jardín. Él apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Charles apareciera detrás.
— ¡Carlos, detén a tu hija!— gritó Charles, claramente desesperado.
Carlos la vio pasar y luego miró a Charles.
— ¿Por qué corre con una manzana?
— ¡Porque quiere comer otra y ya comió muchas!
— Ah claro, límites.— respondió Carlos con sarcasmo, pero antes de que pudiera hacer algo, Marie ya estaba fuera de su alcance.
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❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞
FanfictionMarie Sainz Leclerc era un nombre que resonaba con fuerza en el mundo del automovilismo. A sus dieciocho años, la joven piloto no solo llevaba en sus venas la pasión por las carreras, sino también el legado de dos de los nombres más aclamados de la...
