XXXVIII

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El rugido de los motores, el aroma a goma quemada y la vibrante adrenalina del circuito siempre estaban presentes. Pero para Charles, todo eso palidecía en comparación con el tormentoso nudo que sentía en su estómago cuando veía a Marie a lo lejos, corriendo por la pista. Sabía lo que significaba estar allí, bajo esa presión, luchando contra otras pilotos que no siempre jugaban limpio. Y aunque los entrenamientos, las victorias y los trofeos eran parte de lo que ella amaba, el miedo era algo que nunca dejaría de rondar su mente cada vez que su hija estaba al volante.

Charles había estado en la fórmula uno por años, viendo y viviendo accidentes de todo tipo. En su carrera había estado cerca del peligro muchas veces pero siempre se había levantado. El impacto de un accidente en el que se salía de pista o el contacto con otro coche no era algo que lo hiciera perder la calma, por lo menos no siempre. Claro, la adrenalina corría por sus venas, pero la mayoría de las veces las consecuencias no eran fatales, solo daños materiales o alguna que otra carrera perdida. Los accidentes eran parte del trabajo, como piloto él había tenido su buena dosis de choques y sustos, algunos graves, otros menores pero con el tiempo uno se acostumbra a la idea de que es algo con lo que debes vivir. Sin embargo, esa era la teoría cuando se trataba de uno mismo. Cuando veía a otros pilotos involucrados en accidentes, su corazón no se detenía de la misma manera. Pero cuando se trataba de su esposo o de su hija... era completamente diferente.

El simple hecho de pensar que su esposo estaba en riesgo le desgarraba. No importaba que ya estuvieran en otro punto de su vida o que el riesgo de accidentes ya no fuera lo mismo que antes, el temor no desaparecía. Charles siempre tenía esa inquietud, esa necesidad de saber que estaba bien, de preguntar por la radio o incluso de mirarlo desde la distancia.

Sin embargo, nada, absolutamente nada, comparaba el dolor y el terror que sentía cuando veía a Marie involucrada en algún incidente en la pista.

Era una tarde de sábado soleado en el circuito de Yeda en Arabia Saudita, donde la Fórmula 2 estaba disputando una de sus carreras más emocionantes de la temporada. Charles estaba observando la competencia desde la zona de los boxes, su mirada fija en el coche de Marie, que competía por un lugar en el podio. Desde su posición veía cómo su hija maniobraba con agilidad, tomando las curvas con precisión y coraje. Pero de repente, algo cambió. Un roce con otro coche, tal vez el mínimo toque que provocó que su monoplaza derrapara hacia la parte interna de la pista.

En cuestión de segundos, el corazón de Charles se detuvo. El coche de Marie perdió el control y la imagen de su hija girando en la pista con los neumáticos deslizándose sobre el asfalto se quedó grabada en su mente como una película de terror. No podía hacer nada más que mirar impotente.

— ¡Marie!—exclamó, apenas reconociendo su propio grito.

En un abrir y cerrar de ojos, vio cómo el coche de Marie se detenía, con la nariz del monoplaza ligeramente tocando el borde de la barrera. El silencio en su pecho fue ensordecedor. No pudo evitar pensar lo peor. Un golpe a gran velocidad, el impacto de la barrera...

De inmediato, los radios de los boxes se llenaron de voces ansiosas, pero Charles no escuchaba más que el golpeteo de su propio corazón en sus oídos. No fue hasta que la voz del equipo de Marie, tranquila pero alerta, confirmó que la joven estaba bien, que Charles pudo respirar nuevamente.

— Está bien Charles, no fue grave, solo perdió el control por un momento. Está a salvo.— la voz de uno de los ingenieros de Marie llegó hasta él, mientras trataba de calmarse.

Pero, a pesar de la confirmación el alivio siempre era fugaz. El ruido en su pecho era incesante, ver a Marie al volante lo hacía sentirse expuesto, vulnerable. Aunque ella era una gran piloto, aún era su hija y como padre la idea de que algo le pudiera suceder en esa pista de carreras era insoportable. Su alma parecía detenerse cada vez que veía un acercamiento peligroso o un roce con otro coche. En esos momentos, su mente se llenaba de imágenes de cómo podría terminar la carrera para ella, de los escenarios de desastre, de las veces que él había caído, de los daños materiales que había sufrido, pero nunca había querido pensar en algo más.

❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora