Carlos y Charles habían construido una vida hermosa juntos, una vida que muchas veces parecía sacada de un sueño. Habían compartido triunfos y derrotas en las pistas, viajes por el mundo y momentos cotidianos llenos de risas, cariño y complicidad. Se habían casado jóvenes, pero con la certeza de que habían encontrado en el otro su hogar. Cada día era una reafirmación de su amor.
A pesar de toda esa felicidad, había algo que a veces los dejaba pensativos, como un hueco que no podían llenar. No lo hablaban mucho, tal vez porque ninguno de los dos sabía exactamente cómo describirlo, pero estaba ahí, latiendo en el fondo de sus corazones.
Aquella noche, después de una cena sencilla en casa, ambos estaban en la cama, abrazados bajo las suaves luces de la lámpara. Charles tenía la cabeza recostada en el pecho de Carlos, y el español jugaba distraídamente con los mechones castaños de su esposo. Era uno de esos momentos en los que no necesitaban hablar para entenderse, simplemente disfrutaban de la cercanía del otro.
Charles suspiró, rompiendo el silencio.
— Calos... ¿puedo preguntarte algo?— su voz era baja, casi insegura, algo poco común en él.
— Claro mon ange, lo que quieras.—respondió Carlos, dejando un beso en la frente de Charles, animándolo a continuar.
El monegasco levantó un poco la cabeza para mirarlo, sus ojos llenos de emoción pero también de duda.
— ¿Alguna vez has sentido que... nos falta algo?— preguntó, buscando las palabras adecuadas.— No me malinterpretes, te amo más de lo que puedo expresar y nuestra vida juntos es todo lo que soñé... pero a veces siento como si hubiera un vacío que no logro entender.
Carlos frunció ligeramente el ceño, sorprendido por la confesión. Había sentido algo similar, pero nunca se había atrevido a decirlo en voz alta.
— Sí... yo también lo he sentido.—admitió tras unos segundos, su tono honesto.— Pero nunca supe cómo ponerlo en palabras. ¿Por qué lo preguntas, Charles?
Charles se sentó un poco, apoyando su espalda contra el cabecero. Jugó con las sábanas, visiblemente nervioso.
— Hace tiempo que tengo algo en la cabeza, algo que no me atrevía a decirte porque no sabía cómo reaccionarías...—inhaló profundamente, buscando valor.— Creo que quiero formar una familia contigo. No me refiero a nosotros dos, porque ya somos una familia, sino... a tal vez adoptar.
Carlos lo miró fijamente, sus ojos oscuros llenándose de emoción. Las palabras de Charles resonaron profundamente en él, despertando un deseo que también había sentido pero nunca había expresado.
— Charles...— dijo, tomando las manos de su esposo entre las suyas.— ¿De verdad lo quieres?
— Sí.— respondió Charles sin dudar, apretando ligeramente las manos de Carlos.— He estado pensando mucho en esto. Creo que tener un niño, alguien a quien podamos darle todo este amor que tenemos, podría llenar ese vacío que sentimos. Podríamos darle una vida llena de felicidad, como la que tú y yo hemos construido. Pero no sabía si tú...
Carlos no lo dejó terminar. Con una sonrisa cálida, lo interrumpió.
— Yo también lo he pensado, aunque no sabía cómo decírtelo. Me encantaría formar una familia contigo, Charles. Nada me haría más feliz.
Los ojos de Charles se iluminaron, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Carlos lo acercó en un abrazo cálido, dejando un beso en su cabello.
— Entonces lo haremos.— dijo Carlos con determinación.— Nos informaremos, buscaremos los pasos necesarios... pero sobre todo, lo haremos juntos.
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❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞
FanfictionMarie Sainz Leclerc era un nombre que resonaba con fuerza en el mundo del automovilismo. A sus dieciocho años, la joven piloto no solo llevaba en sus venas la pasión por las carreras, sino también el legado de dos de los nombres más aclamados de la...
