Extra

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El día había llegado. La adopción de Rafael y Ollie era oficialmente un hecho. Tras semanas de papeleo y reuniones, Carlos y Charles habían asistido a la audiencia final esa mañana, junto con Marie, para confirmar que ambos niños ahora eran parte legal de la familia Leclerc-Sainz. La jueza les entregó los documentos finales con una sonrisa cálida, deseándoles suerte y felicidad en su nueva vida como familia ampliada.

— Felicidades, chicos.— dijo Carlos, arrodillándose frente a Rafael y Ollie y abrazándolos.— Oficialmente son nuestros hijos. ¿Cómo se sienten?

Ollie, emocionado, abrazó a Carlos con fuerza.

— ¡Soy feliz! Siempre quise una familia así.

Rafael, aunque más reservado, ajustó sus lentes y murmuró con una sonrisa tímida

— Gracias por escogernos.

Charles no pudo evitar emocionarse. Abrazó a ambos niños, con Marie a su lado, quien no dejó de sonreír. Ahora que todo era oficial, había un motivo más para celebrar.

Marie había planeado durante días una fiesta de bienvenida para sus nuevos hermanos. Con ayuda de Carlos y Charles, había organizado todo en la casa familiar en Mónaco. La idea era que Rafael y Ollie se sintieran rodeados de amor y calidez desde el primer día. Invitó a toda la familia: los padres y hermanos de Charles, quienes vivían en Mónaco, y también a los padres y hermanas de Carlos, que habían viajado desde España especialmente para la ocasión.

Al llegar a casa después de la audiencia, Rafael y Ollie estaban emocionados, pero también algo nerviosos. Desde la entrada podían escuchar las risas y murmullos de los invitados, y eso les puso algo tensos. Carlos y Charles, notando su inquietud, se inclinaron hacia ellos.

— No se preocupen, chicos.— les dijo Carlos con su característico tono tranquilizador. —Todos aquí están emocionados de conocerlos. Son su nueva familia, y les van a encantar.

Marie, arrodillándose junto a ellos, agregó: — Y no tienen que hablar con todos de una vez. Si se sienten abrumados, pueden venir conmigo. ¿De acuerdo?

Ambos niños asintieron, sintiéndose un poco más tranquilos al saber que no estaban solos.

Cuando cruzaron la puerta, un coro de voces emocionadas los recibió con un caluroso "¡Bienvenidos, Rafael y Ollie!". El salón estaba decorado con globos, guirnaldas, y un enorme cartel que decía: "Bienvenidos a casa, Rafael y Ollie". La mesa estaba llena de comida: desde platos españoles, como tortilla de patatas y croquetas, hasta clásicos franceses que Charles había insistido en incluir.

Los niños, al principio, se quedaron parados junto a la entrada, con los ojos abiertos como platos. No estaban acostumbrados a ver tanta gente reunida solo para ellos. Pero entonces vieron a Marie, que les sonrió con complicidad y les tendió la mano.

— Vengan, les presentaré a todos.— dijo con entusiasmo.

La primera parada fue con los padres de Charles; Hervé y Pascale los saludaron con dulzura, inclinándose para estar a su nivel.

— Hola, chicos.— dijo Pascale con una sonrisa cálida. — Soy Pascale, su abuela. Y este es Hervé, su abuelo.

Rafael, todavía algo tímido, asintió y dijo un suave "Hola". Ollie, por otro lado, tomó confianza más rápido y preguntó:

— ¿Eres la mamá de papá Charles?

Pascale rió suavemente.

—Sí, y estoy muy feliz de ser su abuela ahora.

Después fueron con los padres del español, Carlos y Reyes, quienes los abrazaron con ternura y se presentaron. Aunque los niños no entendieron todo, pronto se sintieron cómodos gracias a la calidez de las palabras.

❝𝐒𝐮𝐬𝐮𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐨𝐫❞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora