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SOFÍA CATAR

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SOFÍA
CATAR

Estábamos en Catar, a pocos días de la carrera más importante para Lando. Era inevitable sentir la tensión en el aire. Para aflojar un poco y despejar su cabeza, decidimos tomarnos la tarde para hacer algo diferente: un paseo en quads por el desierto. Me hacía ilusión verlo disfrutar, aunque fuera por unas horas, lejos de todo ese estrés que venía acumulando.

El clima estaba pesado, típico de la zona. El termómetro marcaba 28 grados, pero entre el sol y la arena, la sensación era de que estábamos en un horno. Antes de salir del hotel, nos aseguramos de tener todo lo necesario: una botella de agua bien fría, protector solar, pañuelos para cubrirnos del sol, y hasta un cargador portátil por si nos quedábamos sin batería en los celulares. Todo estaba bajo control.

—¿Amor, te pusiste protector solar? —le pregunté mientras lo miraba con una sonrisa. Me acerqué para darle un pico rápido y acomodarle algunos mechones de pelo que le caían sobre la frente.

Lando me miró con esos ojitos pícaros que me matan, negando con la cabeza. Me agarró de la cintura y me dio otro beso, uno más largo esta vez, como para endulzarme.

—¡Vení, que te pongo yo! —le dije riéndome. Agarré el protector solar de la mochila y empecé a esparcirselo por toda la cara y el cuello. Sus ojos se entrecerraron por el contacto frío de la crema. —No sea cosa que después termines con toda la cara roja, ¿eh? —bromeé mientras terminaba de esparcir el protector.

Su piel era suave, aunque con algunos granitos que siempre aparecían cuando estaba estresado. Lo conocía tan bien que podía notar cuándo algo lo preocupaba, incluso si no me lo decía. A pesar de todo, seguía viéndolo hermoso, como siempre.

Los últimos días lo había notado especialmente cariñoso. Lando era naturalmente dulce y atento, pero había algo en su forma de abrazarme, de buscarme con la mirada, que me hacía pensar que necesitaba contención más que nunca. Sabía que el campeonato lo tenía inquieto, y aunque él intentaba disimularlo, yo podía ver cómo lo afectaban las críticas de la prensa. Era de acero para muchas cosas, pero esas palabras le dolían, por más que no lo admitiera.

—A veces quisiera apagar todo y quedarnos así, en silencio, solos —me dijo de repente mientras íbamos en el auto hacia el punto de encuentro para los quads.

—Sería lindo, ¿no? Pero bueno, al menos tenés esto: el desierto, una tarde tranquila, y a mí... Que soy un paquete completo —respondí guiñándole un ojo, tratando de sacarle una sonrisa.

Él se rió, y su mano buscó la mía. Entrelazamos los dedos mientras seguíamos manejando. Para hacer más ameno el trayecto, pusimos música. La playlist que habíamos creado juntos era un mix bastante bizarro: canciones electrónicas que a él le fascinaban, y temas en español que yo amaba. En ese momento sonaba Feid, uno de mis favoritos. Mientras cantaba a los gritos, Lando me miraba divertido, negando con la cabeza.

INFINITE | Lando NorrisDonde viven las historias. Descúbrelo ahora