WYA REMIX WHITE - Aleesha, Juhn y Slayter
Carrascal x James x Richard x la prota
Todo en esa habitación me pertenecía: sus miradas, sus manos, sus respiraciones erráticas. No había dudas, no había miedo. Solo nosotros, un caos de deseo al que no estaba dispuesta a renunciar.
Carrascal fue el primero en ceder. Lo atraje hacia mí con un gesto decidido, dejando que sus labios se perdieran en los míos, profundizando cada beso como si el aire nos fuera innecesario. El sonido grave que escapó de su garganta mientras lo atrapaba con mi boca me hizo sonreír. Me encantaba esa sensación de poder, de control.
A mis espaldas, sentí las manos de Richard, firmes, seguras, mientras me guiaba hacia él. No había espacio para la duda en sus movimientos; sabía exactamente dónde quería estar, y yo no iba a negárselo. El calor de su piel se fundió con el mío, y un estremecimiento me recorrió cuando lo sentí encontrar su lugar. Mi cuerpo reaccionó por instinto, moviéndose contra él en una sincronía que me hizo gemir de placer.
Y luego estaba James, siempre observando, siempre esperando el momento perfecto. Su mirada se encontró con la mía, y casi pude sentir su sonrisa cargada de intención antes de que se acercara. Su toque era distinto: dulce y firme a la vez, como si quisiera desafiarme mientras me complacía. No me dejó opción; lo acepté, lo invité, dejando que mi cuerpo se arqueara hacia él.
Me encantaba tenerlos así, completamente a mi merced. Mis manos recorrían sus cuerpos, mis labios marcaban el ritmo, y cada uno de ellos respondía como si yo fuera su única razón de estar allí. No había lugar para nada más en ese momento, solo la intensidad de los tres y el fuego que encendíamos juntos.
Yo no era una simple participante; era la dueña de su deseo, la que dirigía esa sinfonía de pasión. Y no había nada que me gustara más que saber que estaban tan rendidos como yo.
Sentía que mi cuerpo ardía. Estar con ellos, así, me hacía sentir invencible, como si el mundo girara solo para sostenernos en este momento.
Carrascal estaba frente a mí, su cuerpo tan cerca que podía sentir su calor antes de tocarlo. Había algo en su intensidad que me desarmaba. Mientras mis manos recorrían su pecho, él se inclinó hacia mí y tomó mis labios con los suyos, profundizando cada beso como si quisiera robarme el aliento. Pero yo no me quedé atrás. Bajé mis labios, recorriendo la línea de su cuello, dejando un rastro que lo hacía jadear. Pronto, su dureza me encontró, y sin dudar, lo tomé con mi boca. Mis movimientos eran lentos, decididos, disfrutando cada reacción que le arrancaba.
Richard, mientras tanto, estaba detrás de mí. Sentí sus manos firmes en mis caderas, marcando el ritmo mientras él se posicionaba. Mis piernas estaban ligeramente abiertas, y con un movimiento seguro, él se adentró desde atrás, llenándome por completo. Me mordí el labio para contener el gemido que subía por mi garganta, pero fue inútil. Su fuerza, su ritmo, eran hipnotizantes, y me arqueé hacia él, invitándolo a más.
James observaba desde un lado, pero no por mucho tiempo. Con esa sonrisa confiada, se acercó y se arrodilló frente a mí, justo al lado de Carrascal. Me sostuvo la mirada mientras sus manos exploraban mis muslos, separándolos un poco más. Me dejó sin aliento cuando entró en mí, ocupando el espacio que todavía quedaba. Mis gemidos se mezclaron con los jadeos de ellos, creando una melodía que nos envolvía a todos.
Yo estaba entre los tres, completamente entregada, pero al mismo tiempo llevando el control. Mis manos se enredaban en el cabello de Carrascal mientras mis labios y mi lengua seguían trabajando en él. Mi espalda se arqueaba hacia Richard, moviéndome al compás de su ritmo, mientras James, siempre tan paciente, tomaba su tiempo para explorarme desde esa posición íntima, sus movimientos lentos al principio, pero cada vez más firmes.
