Un año - Sebastian Yatra , Reik
Puede que pase un año más de una vez
Sin que te pueda ver
Pero el amor es más fuerte
Puede que el tiempo nos aleje otra vez
Sin saber dónde estés
Pero el amor es más fuerte
Estaba en el comedor, distraída con el teléfono, cuando escuché la puerta abrirse con fuerza. Levanté la vista y ahí estaba él: mi papá, ese man que apenas venía, y que cuando lo hacía, era para problema. Me miró de arriba abajo, y enseguida supe que algo andaba mal. Su ceño fruncido decía más que cualquier palabra.
—¿Qué? —solté con desprecio, sin intentar disimular el fastidio.
Mi mamá, que estaba barriendo cerca, detuvo el movimiento y mi tío Richard apagó el televisor, notando la tensión en el aire. Mi papá apenas alzó la barbilla, indicando que me pusiera de pie.
—Párese —dijo con una voz baja y amenazante, que hacía eco en todo el comedor.
Suspiré, obedeciendo sin mucho ánimo. Apenas me paré, él disparó lo que claramente tenía guardado.
—¿Cómo que anda de novia? —Su tono estaba lleno de rabia, y en su mirada había más juicio que preocupación.
—¿Yo? Claro que no, no sé de dónde saca eso —respondí, rodando los ojos, ya con ganas de sentarme de nuevo, como si todo esto fuera una estupidez.
—¿Quién le dijo que se sentara? —La rabia en su cara se intensificó, y antes de que pudiera reaccionar, empezó a quitarse la correa.
—¡Alfredo, no le vaya a pegar a la niña! —intervino mi mamá, levantando la voz y caminando hacia él, con desesperación.
Él, sin embargo, no la escuchó. Seguía desenfundando la correa con rapidez, los ojos rojos de furia. Me estremecí, aunque intenté mantener la compostura.
—¿Entonces quiere estar de novia para salir preñada, como su mamá a los 17? ¿Eso es lo que quiere, ah? —Escupía las palabras como si quisiera herirme con cada sílaba.
Pero ahí fue cuando Richard, mi tío, se puso en medio, con la calma de alguien que ya había visto esto antes, pero con la determinación de alguien que no iba a dejarlo pasar esta vez.
—Le recuerdo, Alfredo, que ella parió a los 17 porque fue usted quien la dejó así. No se venga ahora a irresponsabilizar como si fuera culpa de la niña —dijo Richard, cruzándose de brazos y mirándolo directamente a los ojos.
Mi papá lo miró con furia, acelerando el movimiento de sus manos, decidido a quitarse la correa. Justo cuando alzó la mano para pegarme, Richard intervino, tomándolo del brazo con fuerza.
—Si usted le pone un dedo encima, lo mato —soltó, sin levantar la voz, pero cada palabra cayó como una sentencia.
Mi mamá intentó calmar la situación, y sus palabras se perdían entre las miradas y el peso de los silencios en la sala.
—¡Richard, cálmese! —pidió mi mamá, angustiada.
Richard no soltaba a mi papá, y en sus ojos podía ver que no iba a retroceder. La tensión en el ambiente era tan densa que sentía cómo el miedo me recorría de arriba abajo. Después de unos segundos, mi papá soltó un gruñido, apartándose finalmente
En ese momento, Richard me tomó de la mano y me guió fuera del comedor, hacia las escaleras. Al subir, pude escuchar a mis papás discutiendo en la sala, los gritos de ambos rompiendo el silencio de la casa.
Me sentía un desastre, y apenas llegamos a la habitación, Richard me miró con una comprensión que me desarmó. Sin decir nada, me acercó a él y, con una ternura que jamás había esperado en ese momento, me cargó en sus piernas, acurrucándome contra su pecho. Sus brazos fuertes me rodeaban, protegiéndome de todo lo que acababa de pasar.
—Tranquila, todo está bien. Yo estoy aquí
-murmuró, acariciando mi cabello mientras las lágrimas caían sin que pudiera detenerla Sentí que, por primera vez en mucho tier , estaba segura.
