JANE
El camino hacia el penthouse de Bill fue largo, mucho más largo de lo que esperaba. Mientras conducía por las calles de Nueva York, el silencio en mi auto era pesado, casi insoportable. Mi mente daba vueltas a todo lo que había sucedido, lo que Bill había pasado, su dolor, su sufrimiento, y cómo todo eso me había arrastrado a este momento.
Cada semáforo que pasaba, cada curva que tomaba, sentía que me alejaba más de todo lo que había conocido, pero a la vez, algo dentro de mí me empujaba a seguir, a no rendirme. Había momentos en que me preguntaba si estaba tomando la decisión correcta. Pero en mi interior, sabía que no podía quedarme con los brazos cruzados mientras Bill se hundía más y más en la oscuridad.
Cuando entré al lobby, me recibieron las paredes frías, la luz artificial que parecía no tener alma. El ascensor subió rápido, los números parpadeando uno tras otro, como si me estuvieran llevando al final de una etapa que no sabría cómo resolver. El sonido del ascensor lleno de esa quietud, con mi respiración como único ruido en la pequeña cabina.
Al llegar al último piso, el silencio en el pasillo era sepulcral. Nadie más a la vista, solo yo y la puerta del penthouse de Bill. Mi mano temblaba ligeramente mientras la alcanzaba, pero al mismo tiempo me sentía decidida. Sabía que tenía que hacer esto.
Estoy frente a la puerta. Mis nudillos tiemblan antes de tocar. Una vez. Dos. Nadie responde. Siento cómo el corazón se me sube a la garganta. Al tercer intento, una voz responde del otro lado.
—Está abierta, entra o vete.
Camino dentro, la puerta no necesitó más que un leve empujón para ser abierta por completo.
El lugar huele a encierro. No a muerte, pero cerca. Botellas vacías apiladas en la barra de la cocina, comida a medio comer encima de un plato hace días olvidado. Las cortinas están cerradas. No hay ruido, solo un zumbido eléctrico, lejano, como si el edificio mismo estuviera conteniendo la respiración.
Bill está sentado en el suelo, espalda contra la pared, piernas estiradas, camiseta rota, el rostro pálido, cubierto de sudor seco. Los ojos abiertos pero apagados. La mirada fija en un punto que no existe.
—Bill... — Mi voz es apenas un susurro.
Él ni siquiera parpadea.
—Si viniste a dar un discurso, vete.
Trago saliva y avanzo, cada paso me pesa más que el anterior, no puedo dejar de mirarlo.
—No estoy aquí para pelear.
—No estas aquí por mí.—Ríe con ironía.— Te mandó mi madre, como si fuera un perro que necesita una voz conocida antes de que lo duerman.
—No digas eso..
Él gira apenas la cabeza, sus ojos se clavan en los míos, pero no hay luz en ellos, nada, solo vacío.
—Tu dijiste cosas peores, ¿O ya se te olvidó?
Sus palabras me atraviesan como cuchillas, miento si digo que no me lo merezco, pero aún así, duele.
—Te mentí. — Suelto.
—Ah, ¿Y ahora vienes a decirme que sí me amaste? ¿Después de mirarme como si fuera un monstruo?
—Me equivoqué, Bill, estaba herida, ¿Si? No sabia que hacer.
—¿Y cogerte a mi hermano fue lo mejor que se te ocurrió? — Dice de golpe.
Doy un paso atrás, todo mi cuerpo tiembla, pero no huyo, no esta vez.
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PREJUDICE | BILL SKARSGARD
Fanfiction✧ Por años, la prensa había difamado al reconocido actor Bill Skarsgård como el hombre más críptico y enigmático de la industria, no se necesitó más que un rumor para ensuciar su nombre, pues ahora era reconocido por aquel escándalo. Jane Evans, u...
