BILL
Al entrar a la cabaña, el aire cálido contrasta con el viento frío del lago. Huelo a madera húmeda, a tierra mojada, a rosas. Ella se pasa la mano por el cabello como si eso fuera a secarlo, pero solo lo desordena más.
—Mmm...—murmura mientras se abraza la toalla —ya no siento mis dedos.
—Ya no siento nada en general — respondo, cerrando la puerta tras de mí. — Y todo es tu culpa.
— No te quejes, te divertiste. — Me sonríe, esa sonrisa de medio lado que siempre le gana a cualquier argumento.
— No.
— Ajá. — Levanta una ceja. — Claro.
La chimenea está armada, solo falta encenderla. Camino hacia ella para hacerlo, mientras Jane se deja caer, literalmente, en el sofá, envuelta en la toalla.
— ¿Quieres algo caliente? — pregunto, hurgando entre las cosas de la cocina. — Hay té, nada más.
— No quiero té.
— Igual te lo voy a preparar, porque no quiero que mañana digas que te enfermé.
— No funciona así, Bill.
— Las cosas contigo nunca funcionan de ninguna manera lógica. — Sonrío.
— ¡Oye! — protesta, pero sonríe.
Enciendo la chimenea, el fuego empieza a tomar vida, iluminando la sala con ese tono naranja que vuelve todo más lento. El sonido del agua de nuestros pies empapados contra la madera resuena mientras me muevo hacia ella con la taza caliente.
— Tómalo — le digo.
— No quiero.
— Jane.
— Dámelo. — Y me lo quita de las manos.
No toma ni un sorbo. Se limita a sostener la taza entre las dos manos porque está caliente y le sirve más como calentador portátil que como bebida.
— Eres imposible. — Me siento junto a ella, dejando que mi espalda encuentre el respaldo suave del sillón. — Absolutamente imposible.
— Y tú me quieres así. — murmura, sin mirarme, pero sé que está sonriendo.
Coloco mi brazo detrás de ella, no para abrazarla, solo para que descanse si quiere. Y lo hace sin dudarlo. Apoya la cabeza en mi hombro, todavía oliendo a lago.
— Dame tu mano — me pide de pronto, como si hubiera recordado algo.
— ¿Para qué?
— Solo dámela.
Le doy mi mano. Ella la toma y la coloca sobre su propia pierna, dentro de la toalla, buscando calor más que otra cosa. Su cuerpo, mojado y tibio a la vez, se acurruca contra mí. Se queda así, quieta, respirando lento.
— Oye — murmura — no sabía que ibas a hacer todo esto.
— ¿Todo qué?
— La cabaña... las flores... el lago... tú... — suspira — esforzándote así.
— No me esforcé.
— Sí lo hiciste.
La miro, y está medio dormida, medio despierta, con la voz más suave de lo normal. Esa voz que solo le sale cuando se está rindiendo al cansancio.
— Jane — digo, acomodándole un mechón húmedo detrás de la oreja — estás agotada.
— No. — Niega con la cabeza, sin abrir los ojos. — Solo... estoy cómoda.
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PREJUDICE | BILL SKARSGARD
Fanfiction✧ Por años, la prensa había difamado al reconocido actor Bill Skarsgård como el hombre más críptico y enigmático de la industria, no se necesitó más que un rumor para ensuciar su nombre, pues ahora era reconocido por aquel escándalo. Jane Evans, u...
