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El hospital más cercano quedaba a menos de 5 minutos, 5 minutos en los que ella no se molestó en girar su rostro para verme. El estado de shock en el que se encontraba me preocupaba demasiado, es decir, ha estado en esta situación antes, y siempre es mi culpa.

Su celular vibra en su bolso, pero ella no reacciona, solo mira al frente con los ojos llenos de lagrimas, intento tomar su mano pero la aleja con rapidez, sin dejar de mirar el camino.

Llegamos al hospital, salgo del auto y abro su puerta, tomo su brazo y la guío fuera del carro, pareciera que está aprendiendo todo por primera vez, como si su mente se hubiese reiniciado, exactamente como la última vez, cuando estuvimos en Londres. Su bolso cae al suelo haciendo que su celular salga de este, la vibración llama mi atención, me concentro en el nombre que refleja la pantalla y me percato de que es mi madre. Tomo el celular sin soltar a Jane y lo coloco en su bolsillo trasero después de apagarlo.

De la sala de emergencias sale una enfermera que logra mirarnos desde lejos, toma los brazos de Jane e intenta preguntarle un par de cosas, pero ella parece reaccionar.

— Ayuda.... — Susurra.

La enfermera me mira amenazante, piensa que yo la he lastimado, y a decir verdad si lo he hecho, pero no de la manera en la que se piensa.

— ¿Que fue lo que le pasó? — Pregunta indiferente. — ¿Tu le hiciste esto?

No sabia que responder, que debía decir? "Oh claro, golpee a mi hermano mientras intentaban tener sexo y ella estuvo ahí para mirar como casi lo mato"

— Presenció una pelea. — Respondo sin pensar.

La chica no parece creer en mi, me fulmina con la mirada y busca rastro de violencia en el cuerpo de Jane.

— Lo siento mucho joven, pero si no nos habla con la verdad tendré que llamar a las autoridades.

Camina de la mano con Jane entrando, la sigo con lentitud y ella solo solloza de manera lenta.

Las llamadas de mi madre no dejan de sonar, ha estado intentando comunicarse desde que salí de casa, y se que se volverá completamente loca cuando sepa que fue lo qué pasó.

— ¿Hola?

— Oh por Dios, Dios mío, Bill Istvan Skarsgard, ¡¿En donde diablos estas?!

— Mamá, tranquilízate, estoy bien.

— ¿En donde esta Jane? ¿Que sucedió con Alexander?

Callé, no sabía que decir, aunque se que lo mejor era tan solo confesar la verdad, Alexander saldría de aquel departamento en cualquier momento.

Después de que mi madre casi perdiera la cordura al escuchar lo que sucedió, tuvo la grandiosa idea de traer a mi hermano mayor al mismo hospital en el que han estado tratando a Jane las últimas horas, que pasaron como si fuesen días. Todos entraban y salían de la habitación de Jane, pero no me permitían siquiera acercarme a la puerta, me vigilaban cada segundo en el que intentaba entrar con ella.

Parado frente al cristal de la habitación de Jane, observo como su débil cuerpo descansa, respira profundamente mientras la aguja que reposa en sus venas traslada todo el sedante que le permite relajarse. Sus ojos se abren con una lentitud impresionante, parpadea repetidas veces hasta que su mirada choca con la mía, pero no reacciona.

Miro a mi alrededor, todos se han ido a comer algo, pero yo no he movido un pie de este lugar, no he dejado de esperarla. Tomo la perilla de la puerta fugazmente y entro a la habitación cerrando esta con candado, seguido de las cortinas que adornan el gran ventanal transparente. Giro en dirección a Jane, sus ojos se plasman en mi, no parece tener miedo, ahora solo refleja enojo.

— Jane, amor, por favor, escúchame. — Digo sin saber por donde comenzar. 

— Si no te vas de aquí pediré que llamen a la policía.

Sus palabras me hacen parar en seco.

— 5 minutos, te lo pido.

Doy leves pasos acercándome a la camilla en la que Jane reposa, sus ojos se abren cada vez más reflejando el miedo que siente por mi.

— Por favor déjame en paz. — Una lágrima rueda por su mejilla.

— Nena... no te lastimaré, no tengas miedo. — Subo mi mano derecha al pecho. — Solo necesito que me escuches por 5 minutos, si después de eso quieres que me vaya lo haré, pero por favor mi amor, escúchame.

— No te reconozco, no eres el hombre de quien me enamoré.

Me mira con rabia, sin moverse.

— Están jugando con tu mente, Jane, ¿No te das cuenta? Quieren alejarte de mi para poder tener el camino libre.

— No tenemos 15 años, Bill, esto no es la maldita secundaria.

— Los documentos que te mostró están completamente alterados, Thomas tiene la evidencia de todo esto. — Bufo. — James fue víctima de tus padres, y desde el momento en que lo supe sabía que tenía que encargarme de que disfrutaras sus últimos días junto a él. — Trago con dificultad, su rostro no muestra suavidad. — Él era una víctima, Jane, así como tú lo fuiste por tantos años, pero eso no volverá a suceder nunca más.

— Déjame en paz, no quiero escucharte.

— Amor, por favor...

— No me llames así. — La firmeza en su rostro me asusta. — Busca a alguien que caiga ante tus lagrimas llenas de hipocresía.

No creo poder caer más bajo que ahora, ruego por un segundo de su tiempo pero ya es muy tarde, no quiere tenerme cerca, no después de procesar todo lo que ha estado sucediendo.

— Te amo. — Digo.

— Te odio.

Me niego a creerlo, no es posible.

— No... — Mi cabeza se mueve de izquierda a derecha demostrándole que no estoy de acuerdo.

— Si. — Sonríe con amargura.

— Tu no... no me amas?

Me siento como un niño frente a ella, preguntando si aún me ama.

— Nunca te amé.

El nudo en mi estómago retuerce mis entrañas.

Es oficial, ha roto mi puto corazón.

PREJUDICE | BILL SKARSGARDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora