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Dos Semanas Después.

BILL

El salón donde se llevaría a cabo la conferencia estaba lleno desde antes de que yo llegara. Reconocí el ruido incluso antes de cruzar la puerta: murmullos, pruebas de micrófonos, flashes anticipados, el tipo de ambiente que solía resultarme insignificante pero que, después de semanas fuera del radar, había adquirido una densidad diferente.

Mi equipo caminaba conmigo como si tuviera que protegerme de algo, aunque yo sabía que no había nada de qué protegerme.

—Recuerda las pautas —dijo mi representante— No confrontes a nadie, solo di lo justo, no entres en lo personal, mantente profesional.

Asentí, aunque ambos sabíamos que en cuanto se mencionara el tema de Jane, mi reacción no iba a ser neutral, porque la neutralidad había dejado de ser una opción desde el momento en que empezaron a atacarla.

Entré al escenario cuando me dieron la señal, el ruido se multiplicó, las cámaras apuntaron hacia mí con esa expectativa casi voraz que había acompañado cada etapa de mi carrera.
Me acomodé la chaqueta, tomé asiento frente al micrófono y esperé a que el moderador iniciara.

Lo hizo, formal, preciso, anunciando mi regreso, las fechas reanudadas, los proyectos puestos nuevamente en marcha.

—Bill, ¿podrías confirmar que ya retomaste el rodaje pausado? — El micrófono ahora está en mi dirección.

—Sí. — Aclaro mi garganta. — El calendario está confirmado y seguimos adelante con el plan original, la película llegará a ustedes cuando sea el momento.

—¿Tuviste algún problema de salud durante esta pausa?

Sonrío... fingen no saber que sucede.

—Fue un periodo privado, no considero que sea necesario detallarlo, me encuentro bien. —respondo, firme y claro.

Preguntas funcionales, superficiales, predecibles, una y otra y otra vez.
Hasta que, inevitablemente, llegó la verdadera.

—Bill, sobre tu relación con la Señorita Jane Evans. — la reportera alzó la voz por encima del resto— ¿Siguen juntos? ¿Hay algo que quieras comentar sobre lo sucedido las últimas semanas?

No hubo sorpresa en la sala, nadie contuvo el aliento, lo sabían. Llevaban meses sabiendo todo, lo que buscaban no era confirmación, sino un titular que pudieran moldear a su conveniencia, quieren hablar sobre Jane, sobre mi, sobre nosotros.

—Sí —respondí, sin rodeos—. Seguimos juntos.

Hubo un murmullo inmediato, una especie de vibración colectiva, no me afectó en lo absoluto.

Siguió otra pregunta, esta vez desde la derecha.

—¿Puedes decirnos si es cierto que tu desaparición temporal estuvo relacionada con ella? Se han dicho muchas cosas sobre su influencia en tu estado emocional. — Los flashes permanecían constantes.

Respiré despacio, apoyé ambas manos sobre la mesa y mantuve la mirada fija en quien preguntó, no elevé la voz, no cambié el tono, me mantuve al margen, pero cada palabra fue exacta.

—No permitiré que responsabilicen a la Jane Evans por decisiones que fueron completamente mías.

El moderador intentó avanzar hacia otra cosa, pero yo levanté ligeramente la mano, quería dejarlo claro.

—Lo repetiré —añadí— Cualquier pausa, cualquier distancia, cualquier momento en que decidí estar fuera de lo público fue algo que yo elegí, nadie más, gracias.

Varias manos se levantaron de inmediato. Señalaron a la del centro.

—Bill, en redes se dijo que ella te aisló, que te alejó de tu entorno, muchos la acusan de haber provocado tu caída.

—Y todos están equivocados —dije, sin un segundo de duda— La forma en que se habló de ella fue injusta y dañina, no voy a validar ese tipo de especulaciones, todas son incorrectas y no podrían estar más alejadas de la realidad.

Un silencio más profundo que el anterior se formó entre las filas de reporteros. Esta vez no era sorpresa; era incomodidad. Las cosas claras nunca les gustaron demasiado.

—Les pediré es que dejen de hablar de ella como si fuera una figura pública, no lo es.

El silencio se hizo más marcado. Entonces agregué:

—Si quieren hablar de mí, hablen, para eso estoy aquí, pero ella no es un espectáculo, no voy a seguir permitiendo que la conviertan en uno.

El moderador retomó la conferencia después de eso, intentando llevar las preguntas hacia el terreno profesional, pero ya había dicho todo lo que necesitaba decir.

Las siguientes respuestas fluyeron con facilidad: fechas, producción, compromisos retomados, agenda,la normalidad que todos querían ver. Cuando terminó, me levanté, salí por la puerta lateral y dejé atrás el ruido.

Mi teléfono vibró casi al instante.

Jane
¿Que demonios estás haciendo Bill Skarsgård?

Me detuve en el pasillo.

Bill
Voy camino a casa, te veo para cenar.

Guardé el teléfono y seguí caminando hacia la salida, sin necesidad de mirar hacia atrás.
Era la primera vez desde todo lo ocurrido que sentí que recuperaba mi equilibrio sin esconderme. Y la primera vez que supe con absoluta claridad que no iba a dejar que la tocaran otra vez.

PREJUDICE | BILL SKARSGARDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora