BILL
Ella me abrazó.
No para consolarme, no para perdonar, lo hizo como si estuviera sujetando algo que se le podía caer de las manos si no apretaba fuerte. Y ahí estaba yo, ese algo, a punto de romperme por completo entre sus brazos.
No dije nada, no me moví, solo cerré los ojos y dejé que el mundo se callara un poco.
Su respiración en mi cuello, su piel contra la mía, su presencia real, tangible, era lo único que me mantenía quieto. Como si mi cuerpo entendiera que moverse sería traicionar ese instante.
Pero por dentro... por dentro tenía un incendio en el pecho.
No sabía qué hacer con el hecho de que ella estuviera ahí. Que no me odiara. Que no hubiera salido corriendo después de verme hecho mierda, perdido, irreconocible.
Tenía miedo de abrir la boca y arruinarlo todo. Tenía miedo de mirarla a los ojos y ver compasión. Lástima. Eso me mataría más que cualquier golpe.
Así que me quedé ahí. De rodillas. Con su abrazo envolviéndome como si pudiera arreglar los huesos rotos desde adentro.
Pensé en la posibilidad de que esto fuera solo un momento. Algo breve. Un impulso. Que mañana, al despertar, ella ya no estuviera. Que todo se sintiera como un mal sueño y el silencio volviera a llenarlo todo.
Ese pensamiento me partió en dos.
Porque no era miedo. Era certeza.
Yo no sabía cómo sostenerla, no sabía cómo cuidar algo tan frágil como el amor cuando ni siquiera podía cuidar de mí mismo.
Pero aun así... Dios. La amaba.
La amaba con esa clase de amor que no tiene nombre. No el que se grita en público o el que se presume. El que duele. El que pesa. El que te despierta en mitad de la noche con un nudo en la garganta.
El tipo de amor que uno no escoge. El que te arranca la piel sin pedir permiso y se queda a vivir adentro aunque te destruya.
Y, sin embargo, no podía decírselo. No así. No todavía.
Porque decirle cuánto la amaba sería admitir que la había perdido, que todo lo que estaba sucediendo ahora mismo era por lo mucho que intenté arrancarme su rostro del corazón.
Y yo no estaba listo para eso.
Nos quedamos en el suelo por un rato, tanto que no supe contar. Después, ella se apartó un poco, solo para verme. Y cuando lo hizo, bajé la mirada, ni siquiera podía sostener sus preciosos ojos, no cuando yo mismo no me reconocía en el espejo.
—Bill...
Su voz era baja, casi un susurro, me sonaba a cosas que quise olvidar y no pude, a todas las noches donde me curaba las heridas sin preguntar cómo me las había hecho, a la forma en la que me decía mi nombre cuando me quedaba dormido sobre su pecho, como si bastara eso para sentirme en casa, tan solo necesitaba estar a su lado.
No contesté a su llamado, sentía el cuerpo al borde del colapso. Entonces, ella preguntó algo que me atravesó por completo.
—¿Por qué decidiste ocultarte así? — Da una mirada al departamento, las botellas esparcidas por el suelo es lo único que capta su atención. — ¿Por qué te dañas de esta manera?
Y por un segundo, me reí, no porque fuera gracioso, sino porque eso... era una forma más honesta de preguntarme por qué me dejé caer tan hondo. Y después, yo pregunté lo que llevaba demasiado tiempo tragándome.
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PREJUDICE | BILL SKARSGARD
Fanfiction✧ Por años, la prensa había difamado al reconocido actor Bill Skarsgård como el hombre más críptico y enigmático de la industria, no se necesitó más que un rumor para ensuciar su nombre, pues ahora era reconocido por aquel escándalo. Jane Evans, u...
