Ella siempre estaba en silencio, en un mundo donde los gruñidos son la banda sonora, hasta que él la hizo gritar.
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MICHAEL
Habia aprendido a no ilusionarme.
Cada vez que marcaba un lugar en el mapa, lo hacia con la misma rutina: mirar alrededor, revisar dos veces, preguntar a quien quede vivo… y cuando ya no hay nada más que sacar de allí, tachar el nombre. Una línea firme. Definitiva. Dennis no estaba aquí.
Doblé el mapa con cuidado, aunque estaba roto por las esquinas, manchado de barro y sangre vieja. No era por respeto al papel. Era por lo que representa. Todo lo que he recorrido solo. Todo lo que he sobrevivido para llegar hasta él.
He pasado por grupos que te sonríen mientras te apuntan. Por comunidades que prometen seguridad a cambio de obediencia ciega. He enterrado gente que merecía llegar más lejos. He matado a otros sin darme tiempo a pensar si lo merecían o no.
Y aun así, nunca dejé de buscarlo. Recordaba a Dennis de pequeño, siguiéndome a todas partes como una sombra torpe. Siempre hablando. Siempre preguntando. Siempre creyendo que yo podía con todo.
—Cuando seamos mayores, viajaremos juntos.—me decía.—A donde sea.—
Yo asentía casi por inercia. Ahora me hubiera gustado estar más presente en esos momentos. En apreciar más como Dennis dibujaba con sus pinturas y como corría hasta mi para enseñarme sus dibujos, a los cuales solo les echaba una mirada rápida.
Ahora recurría a esos recuerdos para mantener la esperanza de encontrarlo.
***
Tras caminar por otro nuevo puñado de carreteras secundarios, de lugares escondidos y abandonados, vi mi objetivo: la próxima comunidad donde buscar a mi hermano.
Sus muros eran altos, robustos y resistentes. A la derecha, tallado en madera, había un cartel que nombraba el lugar como Hilltop. Cada vez que encontraba una nueva comunidad mis mecanismos de defensa, entrenados a golpes, me ponían en alerta. Cada vez que me adentraba en un campamento mi vida peligraba. Las personas de su interior podían ser hostiles, engañosas y crueles. Y siempre temía no salir de ahí.
Por ello, cuando vi Hilltop por primera vez, no sentí alivio. Sentí alarma.
Levanté las manos cuando las personas que hacían guardia en la puerta me apuntaron, despacio, calculando distancias, salidas, errores posibles.
Obedecí sin rechistar, siguiendo sus indicaciones, ya más que familiarizado con ese proceso. Me cachearon. Me quitaron las armas. No me gustaba, pero sabía que era lo único que podían hacer. Aún así nunca me gustaba.