Ella siempre estaba en silencio, en un mundo donde los gruñidos son la banda sonora, hasta que él la hizo gritar.
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DANA
El despacho de Alex era, en pocas palabras, aburrido. La habitación era bastante pequeña, con una mesa descolorida, una silla cómoda pero que habia visto momentos mejores, otro par de sillas más incómodas, con algunas baldas puestas de manera desprolija y un sofá morroñoso pegado a la pared. Todo estaba lleno de libros, de carpetas, de papeles y planos, pero muy bien ordenados, como si alguien estuviera constantemente colocándolos.
Aquella líder se sentó en la gran silla tras el escritorio y nos invitó a Ronin y a mi a sentarnos frente a ella, el chico que conocimos en la entrada se sentó en el sofá un poco más apartado. Alex no estaba sonriendo pero su mirada era amable y tranquila, sin embargo se notaba que tenia su expresión completamente controlada y era apropósito.
No me fiaba de ella.
—¿Qué quieres saber?—pregunté nada más sentarme, cada poro de mi cuerpo pedía salir de allí.
—Lo que queráis contarme.—respondido como si fuera lo más cotidiano del mundo, pero observe que no dejaba de analizarnos.
Miraba como sujetaba mi daga con fuerza, como mis piernas estaban cruzadas, como Ronin no dejaba de morderse el labio inquieta y como estaba cruzada de brazos.
—¿De donde venís?—la voz de Samuel se escucho desde el sofá él era mucho menos amable que Alex, pero tampoco llegaba a ser amenazante. Aún así, vi la mirada de contención que le envió la líder.
Mire a mi hermana, ella parecía más dispuesta a colaborar que yo, pero su gesto cambió ante la idea de hablar de Alejandría y todos los seres queridos que vivían allí.
—De otro campamento.—me limité a responder, no creía que mentir fuese a resultar con esa chica de ojos enormes.
—¿Por qué ya no estáis allí?—esta vez si note algo de recelo en su mirada.
Ella no dejaba de mirarme, sabía que esa respuesta podría ser crucial, ambas nos estábamos estudiando. Esperaba que mi mirada le dejara en claro que no me fiaba de ella.
—No podía seguir allí.—sabía que mis respuestas estaban siendo escuetas y que a ella no le estaba gustando, pues nada más hablar miro a Ronin buscando más información.
—¿El campamento se vino abajo?—
Ronin se removió nerviosa, pero esta vez deje que hablará ella y contará lo que ella considerará.
—No, todo sigue en pie, simplemente nosotras decidimos irnos.—dijo.—Y no preguntes donde esta.—aclaró con un poco más de acidez en su voz.
—¿Por qué os fuisteis?—la mirada de Alex ahora solo estaba en Ronin, creo que había comprendido que era más fácil hablar con ella.