Ella siempre estaba en silencio, en un mundo donde los gruñidos son la banda sonora, hasta que él la hizo gritar.
⚠️ Advertencia: Si tienes menos de 13 años NO deberías leer esta historia.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
___________________☆☆☆☆_________________
DANA
Intentábamos caminar como si pertenecieramos a ese campamento, como si no supiéramos que cada día desaparecían más personas bajo la excusa de “incumplimiento de las normas”. La lona de las tiendas crujía con el viento y olía a sudor, metal y miedo. El miedo impregnaba el aire como una capa densa. Todos lo sabíamos; nadie lo decía.
Daila iba a mi lado, con la mandíbula tensa. Adam estaba un paso por detrás, vigilando nuestros flancos con la misma sonrisa apagada que usaba para disimular que se le estaba rompiendo algo por dentro. Ciro… Ciro caminaba mirando al suelo, como un niño castigado, los hombros hundidos.
—Tenemos que hacer algo.—susurré.—Esta gente está atrapada. No pueden defenderse solos.—
Daila me miró como si estuviera diciendo una locura.
—Dana… No somos sus salvadoras. No podemos enfrentarnos a un maldito ejército. —bufó bajito.—Lo más inteligente es irnos antes de que se den cuenta de que no pintamos nada aquí. O antes de que seamos los siguientes en desaparecer.—
—¿Y dejarlos? ¿Dejar que se los sigan llevando y sigan experimentando con ellos?—sentí que la voz me temblaba.—No puedo mirar hacia otro lado.—solté un suspiro pesado.—Quizá mi familia encuentre este campamento y tengan el mismo destino que todas esas personas.—
Busqué los ojos de Adam, esperando… algo. Un gesto, un apoyo. Pero él se quedó inmóvil, con los labios apretados.
—Dana… —dijo, tragando saliva.—Daila tiene razón en algo. No podemos salvar a todo el mundo. Y no sabemos qué están haciendo exactamente. Puede que no sea tan…—
—¿Tan qué, Adam?—le corté, dolida.—¿Tan malo? ¿Tan cruel? ¡Has visto lo mismo que yo!—
—Sí, joder, sí que lo he visto.—respondió, por fin dejando escapar la tensión acumulada.—Pero si nos metemos en esto, podemos morir. Todos. No sé si quiero arriesgar eso.—
—Claro.—solté con amargura.—Porque ahora resulta que sobrevivir es más importante que ser humanos.—
Él apartó la mirada. Dolido. Dividido.
Ciro, que había permanecido callado, explotó de golpe.
—¡Basta!—gritó, demasiado fuerte, haciendo que dos soldados que pasaban cerca nos miraran de reojo.—Basta… no quiero discutir. Yo… yo confiaba en ellos. Ellos tenían protocolos, tenían estructura. Pensé que…—se llevó las manos al pelo, temblando.—Pensé que iban a arreglar las cosas…que estábamos a salvo.—