Tercera temporada "Cosas de padres".
No podía ser solo una, ni dos, ni siquiera tres, muchas notas fueron dejadas entre las hojas de los libros que Seokjin leía, notas que Namjoon dejaba al chico que veía desde lejos mientras ayudaba en la bibliote...
Advertencia: Hago la recomendación de no leer si no han terminado "Cosas de Padres" y "Cosas de Nietos". Pueden saltarse este capítulo especial sin problema y no afecta a la historia.
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La obscuridad se vio interrumpida por fuertes golpes a su lado, y risas. El ruido lo asustó, haciendo que se levantara tan rápido que se golpeó al chocar con la mesa en la que había estado durmiendo, yéndose de lado al contar con poco espacio. Terminó en el suelo, más risas cortas se escucharon y luego un fuerte "Shhhh".
―Basta.
La voz de un hombre, grave y seria. Desconocida. Un poco mareado, y aturdido, enderezó con cuidado la cabeza para ver a quien estaba parado frente a él, el mismo hombre que golpeó su mesa para despertarle.
» Tome asiento antes de que cuente cinco, o lo castigaré.
¿Qué?
Se miraron uno al otro, notando el traje elegante que portaba ese hombre mayor, un negro que contrastaba con sus canas. En sus manos sostenía una tablilla.
» Uno... dos... tres... ―no se movió mientras la cuenta avanzaba, tratando de comprender qué ocurría. Tuvo tiempo de mirar a su alrededor, notando la mirada de varios chicos y chicas vestidos con uniformes, algunos sorprendidos, otros susurrando entre ellos, otros riendo a escondidas. Estudiantes, ¿Qué hacía en una escuela?
» ¡Cuatro! ―levantó la voz, y fue suficiente para hacer que se moviera rápido para sentarse de donde se había caído antes. No comprendía bien qué ocurría, pero reaccionó sin pensar.
» No vuelva a dormirse en mi clase, señor Jungkook.
Pasó saliva mirando al hombre mayor darse la vuelta para volver a su lugar al frente del salón, retomando su lección, dejando a Jungkook más confundido a cada segundo. Se miró las manos, abriéndolas y cerrándolas cerca de su rostro, las tocó notando una suavidad joven que no recordaba tener actualmente, luego fue a ponerlas sobre sus mejillas notándolas redonditas y suaves, sin bello ni suaves arrugas. Ni marcas de percings.
Un día leyó que tocarte ayudaba a notar que estabas en un sueño, que al mirar tus manos podías notar la diferencia entre la realidad y un sueño. Al volverse a mirar las manos no encontró diferencia alguna. ¿Qué hacía usando uniforme, rodeado de caras desconocidas? Así no lucía su escuela, los recuerdos eran borrosos pero podría jurar que ni siquiera ese era el color del uniforme que usó en la secundaria.
Su teléfono, sintió la necesidad de buscarlo para verse el rostro así que se movió con cuidado de no llamar más la atención. Palpó sus bolsillos, movió su cuaderno, el lapicero amarillo y luego trató de buscar su mochila, pero al levantarla no la reconoció. No la recordaba así, no lucía como las mochilas que llegó a usar. La dejó caer sin mirar adentro, pues estaba seguro de que no iba a reconocer nada tampoco de su interior.