Tarde en casa

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     ―Adelante. ―dijo Namjoon.

La mujer entró finalmente, cargando el cesto de ropa sucia bajo uno solo de sus brazos, mientras su mano izquierda se mantenía en el picaporte de la puerta. Los días pasaban, y quizá era la alegría de tener la presencia de su hijo nuevamente bajo su techo, pero por primera vez no le molestó en absoluto el desorden de la habitación.

Aunque había que aclarar que realmente no se le podía llamar desorden a un par de camisas apiladas en la orilla de la cama y a un poco de basura acumulada en el cesto junto al escritorio.

Se encontró a Namjoon justo como creía, sentado frente al escritorio inclinado en un punto en el que a ella ya le hubiera dolido la espalda, pero él tan joven y tan concentrado en lo que hacía jamás se quejaba de la columna. Aún.

Ni siquiera levantó la mirada hasta que ella carraspeó.

―Voy a poner ropa a lavar, y tu ropa no está aquí.

El cesto tenía una mezcla de ropa del padre de familia, de Geongmin y de ella misma, pero mientras separaba por colores y algunas prendas delicadas notó la ausencia de la ropa de Namjoon. Lo dejó pasar los primeros días, tampoco comentó nada la segunda ocasión que lavó ropa, esta tercera fue su límite y comenzaba a creer que su hijo tenía la ropa sucia acumulándose en una montaña oculta en el closet.

―Ah, ya lavé mi ropa, omma.

Contestó relajado, regresando su vista a lo que ocupaba el espacio de su escritorio.

―¿Q-qué?

La sorpresa era evidente en su voz, como si lo que acababa de decir su hijo no figurara en ninguna de las posibilidades que habían cruzado su mente. Como si fuera más posible que estuviera tirando su ropa sucia a escondidas en vez de lavarla por su cuenta.

―Usé la lavadora hace dos días, cuando fueron a llevar a Geongmin a su cita con la doctora y cenaron fuera. También lavé a mano. Olvidé preguntarles si querían que lavara lo de ustedes, pero sólo con mi ropa se llenó la lavadora.

Silencio, el suficiente para que Namjoon volviera a pausar su actividad y girara la cabeza hacia su madre, que seguía mirándolo con un signo de interrogación grande sobre su cabeza. Recordó entonces que desde la última vez que estuvo bastante tiempo en casa, aún dependía mucho de sus padres, por supuesto que aún lo hacía pero vivir en casas ajenas le hizo aprender un poco de autonomía que no experimentaba en su hogar.

Se puso a explicarle con calma, aunque un poco nervioso por el mal hábito de sentir que estaba haciendo algo mal cuando lo miraban de esa manera » En casa de tía Iseul tenía que lavar mis cosas por separado, uhm, Tyrone y yo lavamos mi ropa a mano, después tía Iseul me enseñó a usar su lavadora. Y-y esta vez, con Jackson, me daba pena que lavara mi ropa su mamá, así que seguí lavando mis cosas aparte. Bueno, sólo unas pocas veces, casi siempre Jackson esperaba y juntábamos nuestras ropas. Este... así le hacía, me-menos con, uhm... la ropa interior.

Que ella lo mirara casi sin parpadear mientras se explicaba no ayudó a reducir la vergüenza final.

Una parte de ella lo sabía y se había dicho a sí misma que estuviera preparada, que claramente tras pasar tanto tiempo viviendo fuera de esa casa, y tras todo el trauma, el hijo que volvería a su hogar no sería el mismo que se fue. Tal vez sólo se trataba de que no esperaba un cambio en cuanto a las tareas del hogar, pero ahora mirándolo sentado a unos pasos, en un cuarto que no lucía tan desordenado como antes recordaba que ahora su hijo estaba más al pendiente de las tareas del hogar. Lavando trastes, acomodando la mesa, rejuntando lo que usaba tras terminar. Encargándose de su propia ropa. Ni siquiera era porque fuera desordenado antes –quizá un poco-, pero ahora lo hacía con un control que hasta notaba casi excesivo.

Cosas de Novios - NamjinHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora