04. Disculpas inesperadas.

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—Lamentamos que haya tenido que ser de esta forma, Brook. Pero sé que lo sabes, eres perseguida por aproximadamente veintitrés mafias rusas, treinta y cuatro mafias francesas y un promedio de diez mafias alemanas. Eso si no sumamos las distintas agencias secretas que están buscándote desesperadamente por todo el mundo. Sino llegabas a nuestras manos antes, iban a atraparte de todas formas. Estés donde estés, hayas huido a donde hayas huido.—Ashton le ofreció un pañuelo a la chica, que sollozaba en voz baja para no dar a notar su miedo.

—Estarás en buenas manos con nosotros.—le aseguró Chad, sentado en el diván del departamento, justo en frente de ella.

Brook se dedicó a limpiarse las lágrimas que caían suavemente por sus mejillas, una por una. El departamento en el que el grupo se encontraba había sido financiado por el gobierno de Estados Unidos y podía decirse que era bastante grande y elegante, incluso tan solo para dormir una noche como ellos lo harían. Contaba con tres habitaciones, un par de baños, cocina y una sala de estar muy amplia.

—¿Cuánto durará?—logró articular la chica en frente de los fornidos muchachos. Eran tan grandes en músculos que era imposible para ella no sentirse intimidada. 

—Un mes exactamente. Partiremos mañana a España, luego Francia y nos instalaremos en una propiedad de máxima seguridad en Brasil alrededor de una semana. Después subiremos a la frontera de México y viajaremos en auto hasta llegar a Washington DC. — le explicó Ashton con amabilidad. Él también había visto a Brook muchas veces tan solo por fotografías, y ahora que la tenía frente a él, era totalmente distinto.

La chica tenía una fuerte conexión que transmitía a cualquier persona. Verla era sentir una especie de paz e inocencia inigualable. Y sobre todo que, además de eso, era guapísima. Incluso su voz denotaba un ritmo sexy que ya le había puesto tenso desde que la había escuchado quejarse en la camioneta. Era contradictorio todo lo que podía llegar a provocar.

—Quisiera saber po-por qué.—balbuceó Brook, con la voz entrecortada—Durante años he intentado entenderlo pero nunca he recibido una respuesta clara, ¿qué es lo quieren esas personas de mí? ¿por qué están persiguiéndome todo el tiempo? 

—Aquello no nos lo es permitido de decírtelo. Es información confidencial—respondió Ashton, cabizbajo.

—¿Entonces cómo sé que cuando llegue a Estados Unidos no van a intentar asesinarme?— la chica se puso de pie, exaltada, tirando al suelo el pañuelo que Ashton le había ofrecido hace unos minutos.

—Sencillo—entonces una voz se escuchó desde la esquina de la habitación.—, te lo dije en la cafetería, nosotros somos los buenos.—Justin se acercó a pasos lentos hacia donde estaba el grupo.

—No creo nada de eso.—Brook se giró para mirarlo directamente. Ahí estaba otra vez el más irritante de los tres hombres. Y el más atractivo, a decir verdad. 

—Vaya, es que encima de altanera, eres malagradecida. Joder, Brook Taylor, estamos aquí para llevarte a manos del gobierno porque ellos tienen una misión para ti, ¿lo entiendes? Nos importa una real mierda que creas o no que somos de la CIA. El punto es que nuestra tarea solo se basa en transportarte a Estados Unidos, no servir de niñeras o putísimas guías de turismo para alguien que sabe muy bien cómo funcionan las cosas. Ahora, si intentas huir, las mafias van a atraparte y harán que te pudras en algún cementerio del otro lado del mundo. En cambio si cooperas, las cosas serán diferentes, ¿comprendiste?

—¿Y acaso no es mi decisión escoger dónde prefiero morir?—pero ella no se quedó callada y avanzó un par de pasos más para estar a la altura de Justin, que soltó una risa petulante al verla enfrentarlo. ¿Quién se creía que era esa mujer para hablarle de esa forma? 

Antidote | terminada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora