Era media noche de ese 27 de noviembre en Paris, cuando Brook desactivó la alarma del departamento con facilidad.
Aunque habían pasado pocos días, aquello había sido suficiente para observar con claridad las combinaciones de todas las alarmas y sensores que Justin colocaba alrededor. Y ahora podía darse el lujo de activarlas y desactivarlas cuando quisiera.
Ahora con ropa de su talla puesta –que Ashton se había dignado a comprarle- , un abrigo con buena pinta y gafas para disimular su aspecto, la chica caminaba fumándose un cigarro por las calles de Paris. Aunque detestaba demasiado el hedor de esa porquería, Paris ameritaba un cigarro que la intoxicase lo suficiente por dentro. Porque de ese modo solo podría sentirse un poco mejor.
Explicar el motivo por el cual Brook Taylor odiaba Paris era difícil de contar. Simplemente lo hacía y por ahora eso es lo único que se debería saber. Por esa misma razón, antes de que las cosas se complicasen todavía más en la estúpida misión en la que se había convertido, debía hacer una última cosa.
La chica llegó a un bar, se ordenó una cerveza y se sentó en una mesa ubicada en un rincón del local. Sobre la madera de esta, extendió un pequeño mapa que tenía las rutas de diferentes pueblos alrededor de Paris y se concentró específicamente en uno. Pero antes, algo llamó su atención.
Un viejo televisor estaba colgado en una esquina superior del local y tres personas oían concentradas, igual que ella. En la noticia había una mujer, aparentemente menor de edad - pues su rostro estaba censurado –dando un tipo de entrevista a una reportera.
He escuchado cosas... empezó a relatar la muchacha. Y Brook levantó la mirada para observar la televisión. Hace tres meses mi madre murió en un hospital de la ciudad, porque contrajo una especie de enfermedad cuyos síntomas nunca había visto antes... fue entonces cuando las puertas del bar se abrieron de pronto, y dos tipos con cazadoras de cuero se sentaron en una mesa, en el centro del local.
Estoy aquí porque mi madre no ha sido el único caso con esta enfermedad. Como le dije, he escuchado cosas. Sé que el gobierno sabe de esto, porque no es un contagio simple, sino que es totalmente letal...
—Tu cerveza.—le dijo el camarero a Brook en un perfecto acento francés, lo cual la hizo parpadear dos veces por lo concentrada que estaba.
—Gracias. —dijo ella y bebió un sorbo rápido.
¿Crees que el gobierno esté al tanto de esto? Había preguntado la reportera a la muchacha. Por supuesto que sí. No estaría aquí sino supiera eso con exactitud... Hay cosas muy turbias en todo esto, y no dudo que después de esta entrevista haya por lo menos cinco camionetas de la CIA esperando por mí fuera de casa. Espero que no hayan pensado que iba a quedarme callada. Respondió la muchacha en la entrevista.
De pronto, las puertas del bar volvieron a abrirse y un par de hombres vestidos también con cazadoras de cuero negra, entraron al lugar, sentándose estratégicamente en una mesa del extremo izquierdo.
Entonces Brook se fijó en ellos, mirándolos por encima del hombro. Si ya era extraño que estuvieran vestidos de la misma forma, lo era aún más el hecho de que en ese preciso instante estuviesen compartiendo miradas de una forma poco discreta. O es que ella se había vuelto una experta paranoica.
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Antidote | terminada.
Hayran KurguLos rumores de un antídoto que salve a la humanidad de una posible epidemia son reales: se encuentra en la sangre de una chica. Para esa importante misión, los gobiernos del mundo solicitan los servicios de uno de sus mejores agentes, Justin Bieber...
