Últimos capítulos.
—¿Estás bien? —preguntó la mujer de cabello corto, observando cómo el chico que tenía en frente de ella empalidecía al punto de tambalearse en su sitio.
Siseó por un momento si debía o no ofrecerle su ayuda, porque quién sabe qué reacción podría tener un hombre tan impulsivo como él.
—¿De qué demonios estás hablando...?—es lo único que logró cuestionar Justin, entre palabras débiles.
—Henry y yo te encontramos ahí afuera—comenzó Morgan—Estabas en una camioneta, que por cierto, la tenemos aún en buen estado. Cuando te vi por primera vez no supe qué hacer...—dijo mientras negaba con la cabeza en una sonrisa extendida y nostálgica—Estabas inconsciente y lo primero que quise hacer fue...
—¿Dónde está ella?—pero la determinante voz del muchacho la tomó por sorpresa. Su tono no era el mismo, ni su mirada oscura, ni su presencia. Algo en él se tornaba lo suficientemente hostil como para helarle hasta los huesos.
—Lo siento, ¿vale? Pero ni Henry ni yo hemos encontrado a nadie más contigo.
—Eso es imposible...—el chico intentó ponerse de pie, y aunque un mareo arrollador quiso hacerle caer, logró sostenerse con fuerza en sus propios talones.
—¿Por qué lo sería? —Morgan también se puso de pie entonces, esta vez sin abstenerse de ponerle las manos encima para ayudarle de alguna manera. —¿Puedes por favor dejar de moverte tanto? —le reprendió frunciendo el ceño—¿O es que necesito hacerte recordar que acabas de despertar de un coma?
—Me importa una mierda esto...—contestó Justin, quedándose sin aliento al sentir las punzadas de su herida en el abdomen. Demonios, definitivamente no era un dolor tan desgarrador como el anterior, el único que tenía en su memoria. Era un dolor más leve, más ligero, pero al mismo tiempo era como una especie de recordatorio de que su vida había estado colgando del hilo más traicionero.
Subiendo la mirada, encontró a una Morgan asustada que lo miraba con los ojos iluminados. Con una luz acogedora, tierna; no había perdido el toque.
En el transcurso de un segundo casi inexistente, se sintió en el mismo lugar lejano y pasado de hace algunos años, donde solo ella era su mundo. Un lugar que definitivamente ya no tenía espacio ahora. Ni cabida en este tiempo. Era una historia diferente y lo de ellos no podría ser lo mismo jamás.
¿Era acaso su mirada la misma? Cuando la miraba a ella ahora... ¿estaba mirando a la misma mujer de la que se enamoró cuando era un adolescente?
¿Acaso él seguía siendo el mismo?
—Me mentiste una vez... dime una razón por la que tendría que creerte ahora. —cada palabra salió de la boca de Justin con desprecio. No sabía qué mirada estaba dándole en ese momento, pero sí sabía que era lo suficientemente hiriente como para hacerla llenarse de lágrimas de un momento a otro.
—Te salvé la vida...—intentó decirle ella, sobándose la nariz.
—Tú no me has salvado nada. —respondió un Justin con una sonrisa irónica.
El ambiente quedó en silencio por unos segundos llenos de tensión. Ni él hablaba, porque estaba mirándola llorar, ni ella sabía qué decir, porque su llanto era más fuerte.
—¿Qué estás insinuando, eh?—sin embargo, la ira se vio dibujada en cada facción del rostro de Morgan. Y no tuvo miedo de acercarse a él, para hacerle sentir su proximidad y demostrarle que seguía siendo esa mujer que era capaz de enfrentarle como nunca nadie. O al menos eso creía. —¿Que estoy engañándote?
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Antidote | terminada.
FanfictionLos rumores de un antídoto que salve a la humanidad de una posible epidemia son reales: se encuentra en la sangre de una chica. Para esa importante misión, los gobiernos del mundo solicitan los servicios de uno de sus mejores agentes, Justin Bieber...
