40. Feliz navidad.

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[25 de Diciembre]

3 semanas después. 








En el Estado de Tennessee, en un condado llamado Hickman, se encontraba el pacífico y acogedor pueblo de Centerville.

Un pueblo de no más de tres mil habitantes, con una pinta de Lejano Oeste que podía percibirse desde que ponías el primer pie ahí adentro. Era un lugar sin muchos conflictos, realizaban fiestas acogedoras y había poco ajetreo. La gente oriunda de Centerville se había acostumbrado ya al día a día trabajando en medio de bares, restaurantes y oficios del mismo estilo, pues en un sitio como ese no era necesario destacar para nada. El perfil bajo era un común denominador.

La vida era sencilla.

Los niños iban a la escuela, las madres trabajan por las mañanas en los bares más concurridos y los hombres de la casa se encargaban de lidiar con los problemas económicos pasando sus horas en las fábricas agrónomas o granjas del sitio.

No había mucho de qué preocuparse.

No por ahora.






En medio de una charla llena de burlas y chistes subidos de tono, Cassie, la rubia con rasgos típicos americanos y de un color blanco como la leche, le lanzó una botella de alcohol etílico a la chica que tenía a unos metros de distancia.

Brook cogió la botella con agilidad, esbozando una sonrisa amenazante al recibir el peligroso ataque de su compañera.

—¿De qué iba eso?— le preguntó colocando la botella en la estantería llena de antibióticos. —Si esa botella hubiese estado abierta, habría podido morir.

—Já, puedo apostar a que has estado a punto de morir antes. —bromeó la rubia, sentándose en una de las camillas limpias, dejando ambas piernas en el aire debido a lo cortas que estas eran.

Brook dejó pasar el comentario por alto, sabiendo muy bien en su interior que, obviamente, Cassie no tenía ni siquiera una idea de lo que decía. Y de la razón que podía llegar a tener con esas palabras.

Pero eso era lo bueno de Cassie, y de todas esas personas que últimamente estaban a su alrededor. Ninguna de ellas le conocía de verdad, ninguna de ellas sabía sobre ella, ninguna de ellas sabía sobre... el poder inigualable que tenía su sola presencia, o el solo hecho de estar viva.

—¿Por qué no lo quieres admitir? —Cassie continuó con el hilo de la conversación. —Sé que parece que siempre puedo tener la cabeza en otro lado, pero... Mírame, soy una excelente enfermera. —dijo soltando una risa burlona, haciendo que Brook riera también. —Y puedo darme cuenta de las cosas. Vamos, admítelo, tienes algo especial con ese agente de policía que parece sacado de una maldita película porno.

Los colores subieron de inmediato al rostro de Brook, haciéndola ruborizarse a los pocos segundos de escuchar aquella acusación. Porque sabía muy bien de quién estaba hablando su amiga Cassie, porque sabía que ese agente de policía sacado de una porno, no era nada más ni nada menos que... Justin.

—No vayas a ponerte celosa ¿vale? Pero, Dios... ¡Es que está tan bueno! —la rubia solía tener ese tipo de momentos donde su adolescente interior afloraba en ella de forma sobrenatural, y a un nivel desmedido. —Cuando las chicas de aquí le vimos llegar contigo por primera vez, pensamos... "Oh joder, ¿quién es ella?, ojalá y sea su hermana".

—Cassie, no es para tanto. —bufó Brook, cogiendo su bolso y abrazándolo, para pasar a sentarse en otra camilla justo al frente de la rubia. —Conozco a Justin, no dejes que su linda sonrisa de comercial y cabello dorado te atrape. Es solo una trampa.

Antidote | terminada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora