38. Lo sé todo.

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Justin, tienes que calmarte...— le susurró Chad, justo a su costado, aunque este, ahora mismo, no se encontraba en sus cinco sentidos. 

—Lamento si no informé sobre esto antes. Es algo que escapa de mis manos... —Rylie intentó recobrar la calma en la conversación. Pero no podía hacerlo cuando veía a Justin reaccionar de esa forma, como un animal enjaulado.—Yo... no sabía que podía afectar tanto esta noticia.

—Ella se ha vuelto muy importante para nosotros.—la voz y las palabras de Chad hicieron que a Justin se le hiciera un nudo en la garganta. —Eso es todo.

—Lo sé, supongo que con todo lo que han vivido será difícil tener que darle esta noticia. Pero no se compara en nada con lo que esa gente ha perdido, con la cantidad de personas que podrían morir si Brook no se somete al experimento. — Rylie frunció el ceño, intentando hacer lo correcto—No hay otra alternativa. Se trata de esa gente, se trata de nosotros, de todos aquellos que se han ido. — quedándose callado unos segundos, Rylie lo pensó dos veces antes de mencionarla...— Al igual que Morgan.

—¡No la metas en esto!—la voz de Justin se hizo un eco enorme en medio de la habitación. —No lo hagas...

—Es lo que Morgan hubiese querido, ¿no es así?

La frase del muchacho hizo que para Justin fuera imposible no empañarse de lágrimas. Tuvo que girarse para darle la espalda a ambos y evitar que lo vieran así de afectado. Su corazón palpitaba como nunca antes y tenía los puños hechos rocas. Duros. Estaba extasiado. Estaba perdido...

—Fuiste tú quién comenzó esta misión — le dijo Rylie con la voz infranqueable. —Fuiste tú quién nos la presentó. Justin... No has llegado hasta aquí para dejarte llevar por situaciones sin sentido. Para fingir que esa chica te importa lo suficiente como para hacerte esto a ti mismo y a... Todos nosotros.

Teniéndolo de espaldas... Rylie susurró despacio: —Si por un segundo has olvidado por qué estas haciendo todo esto, no olvides por qué lo iniciaste.

Y Justin, delante de él, se tomó unos segundos para encargarlo de nuevo. 

Segundos en los que supo que, entonces, no había nada más al rededor que él...

Él y su decisión.

Él y sus acciones, y su libertad de elegir...

Sabía que Dios no había creado en el mundo hombres buenos o malos. ¿Por qué él tendría que calificarse como uno de ellos? Al contrario, solo sabía que había creado en cada uno de nosotros, el poder de decidir...

De escoger.

Y ese era su momento.

—Voy a cumplir mi promesa.— fue lo que dijo Justin cuando se giró para enfrentar a Rylie, que lo recibió con una sonrisa grande y cálida. —Cuando comencé esta historia hice una promesa...—se detuvo, mirando a Chad negar con la cabeza en complicidad.—Y voy a cumplirla, aunque sea lo último que haga.



~*~


Abrió la puerta de la habitación, entrando a ella sin hacer mucho ruido.

Y como lo supuso, Brook estaba dentro. Sentada sobre el borde de la cama, con lágrimas en los ojos y una mirada fría. Dura. Sin ningún tipo de compasión.

Justin, delante de ella, estaba distinto. Sus manos temblaban y en él había una sensación de paranoia que jamás había sentido antes. De ser un hombre seguro, con dos o tres pasos delante de los demás, ahora mismo estaba bastante nervioso, angustiado y todo al mismo tiempo. 

Cuando le vio así, Brook quiso de inmediato preguntarle qué había sucedido. Porque en el fondo todavía le importaba muchísimo saber si se encontraba bien, mal... Lo que sea.

Lo quería. A pesar de todo...

—De pie.— le dijo el chico de pronto, y ella supo reconocer de inmediato que incluso su voz estaba distinta. Como si estuviese desesperado, alerta. No era el Justin que conocía.—Coge algo de ropa, nos vamos de aquí.

—¿Qué?—Brook se puso de pie una vez que escuchó aquella orden salir de los labios del muchacho.—¿Qué hay de Rylie? De...— se quedó callada esta vez, porque no sabía si era el momento adecuado para decirle que ya lo sabía todo.

—Olvida a Rylie— masculló Justin, nervioso. — Le conocerás después, vamos, no me hagas decírtelo dos veces. — le dijo sin siquiera mirarla, yendo hasta uno de los cajones de ropa y sacando de este todo lo que había dentro. —¿Quieres que haga una maleta por ti?

—¿Por qué tenemos que irnos?

—Porque hubo un problema. Algunas cosas que no estaban en orden, cosas de la maldita casa blanca ¡Joder, Brook! —gritó perdiendo la paciencia— Te lo explicaré en el camino pero tienes que...

—Ya lo sé todo. — aquella frase hizo que todo el sistema de Justin se paralizara. Se giró para mirarla, observándola desvanecerse en lágrimas una vez que estuvieron mirándose a los ojos. —Lo que soy, la jodida misión... Lo sé todo.

Él tragó saliva. No era un buen momento para dejarse llevar por los sentimientos, no cuando tenían tan poco tiempo para huir de ahí. 

—Vale, me has ahorrado la noticia entonces. Mucho mejor.— el chico continuó haciendo una maleta improvisada. Con las manos temblorosas dejaba caer una que otra prenda al suelo.

—¿Por qué?— Brook se puso justo en frente de él, impidiendo que este siguiera con sus movimientos—¿Por qué quieres que nos vayamos? Ahora que ya lo sé todo tengo derecho a saber qué mierda está sucediendo.

—Porque van a matarte.— soltó Justin de una sola, con la voz entrecortada, sin poder evitar esta vez que un par de lágrimas brotaran de él, desfogándolo. — ¡Van a matarte!— le dijo cogiéndola por los brazos, remeciéndola hasta el punto de quebrarse por completo en lágrimas. — Van a matarte, Brook... — sollozó intentando recobrar su autocontrol.— Por eso tienes que venir conmigo, ahora mismo... No tenemos tiempo qué perder...

Entonces ella, safándose de su agarre lo miró con los ojos temblorosos. Sin estar segura de si podía o no hablar en esa ocasión... Pero así lo hizo: —Voy a quedarme. —le dijo, sin nada que pudiese hacerla creer en lo contrario. —No pienso ir contigo a ninguna parte.



 —No pienso ir contigo a ninguna parte

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Antidote | terminada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora