Capitulo 54

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Capítulo 54.


—Mierda... —dijo maldiciendo por lo bajo— ¡Dios! ¿Dónde estás?

Escuchaba su voz, pero me costaba responder porque me faltaba el aire.

—Adam no puedo respirar —comencé a desesperarme.

—Cam, tranquila preciosa —dijo desesperado—, sólo inhala y exhala.

Eso hice, inhale una gran bocanada de aire y luego lo solté.

—Ya puedo respirar mejor —dije, pero las lágrimas eran otro asunto—, estoy en la plaza cerca del centro comercial.

—Espérame allí, estoy cerca del lugar —dijo y se escuchaba el tráfico a través del celular—, sólo... no te muevas de ahí.

Asentí y murmure un apenas audible "".

Acomode mis rodillas a la altura de mi pecho y oculte mi cabeza en un hueco que hice, estaba destrozada en esos momentos, ¿cómo se atrevía a volver? Ella debería ganarse el premio a la peor madre del mundo.

Sollozaba sin importarme las personas que cruzaban por mi frente, más de una persona se detuvo a preguntarme si estaba bien o no, yo solo respondía con un "Sí, cosas de la vida". Le odio, le odio tanto.

No podía contarle a mi abuela que la vi, no podía decirle que su hija nos abandonó y que ahora viene a no sé qué.

¿Porque mi vida debe ser tan mierda? Digo no es justo que todas las cosas malas me sucedan a mí.

No quiero ni escuchar su excusa de porque nos abandonó, no vale la pena darle mi tiempo a esa mujer. Lo peor, lo peor de todo es que una parte de mi todavía la quiere y me odio a mí misma por eso. Sé que es mi mamá, pero ni siquiera debería llamarla así.

Escuche unos pasos acercarse hacia mí y levanto la cabeza, vi a Adam con una cara de preocupación tremenda sentarse junto a mí.

Me rodeo con sus brazos y yo sollocé en su pecho, él acaricio mi espalda y solo eso transmitió una corriente de electricidad placentera que me tranquiliza.

-Shh, Shh.

Poco a poco comencé a tranquilizarme.

Saque mi cabeza de su pecho y lo mire. Me miraba angustiado y mi corazón solo se apretaba más contra mi pecho al saber que todavía le importaba.

—Ahora que estás más tranquila, ¿me explicas lo que paso?

Me seque las lágrimas y suspire.

—Estaba en el centro comercial y-y la vi —dije todavía tartamudeando—, ella quería hablar... pero no quería escucharla.

Sentía que las lágrimas volvían a correr por mi rostro.

—Ella lo sabía todo Adam...

— ¿Qué sabía ella? —se lo notaba confundido.

Reí amargamente.

—Sabía lo de los bares —sus ojos se abrieron mucho más—, ella fue quien llamo a la policía, ella lo sabía todo y no le importe.

Comencé a sollozar de nuevo.

—Odio a tu madre —dijo apretando su agarre en mis caderas.

—Ya somos dos —dije riendo con melancolía.

Besó mi frente y me derretí por ese gesto.

— ¿Qué hacías en el centro comercial? —preguntó acariciando mi mejilla.

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