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Aunque amabas con todo tu corazón a Bruce, odiabas tener que despertarlo. Simplemente, se te hacía imposible conseguirlo; más aún últimamente, que permanecía despierto hasta tarde a causa de una investigación.
-Bruce, amor. Es hora de despertarse-, murmuraste a su oído, aunque sabías que eso no funcionaria.
Te levantaste de su lado y fuiste a ducharte, cuando saliste, abriste de par en par la ventana, causando que Bruce se tapara hasta la cabeza con la sábanas.
-¡Bruce, levántate!-, gritaste y tiraste de las sábanas.
Él te miró mal y se volvió a tapar de mala gana. Bufaste y fuiste en busca de agua. Justo cuando ibas a tirar el agua helada sobre él, él se levantó y tomó el vaso de agua.
-¿Estás loca?-, preguntó histérico.
-¿Qué?-, murmuraste confundida.
-¿Si estás loca? ¿Te olvidas del otro? Él no es muy amable, por si lo olvidas.
-Tal vez el otro se despierte cuando se lo digo-, dijiste y te fuiste de allí mientras que Bruce te miraba fijamente preguntándose si su prometida estaba cuerda o no.
Después de eso, Bruce siempre se levantaba apenas se lo pedías, con temor a no poder controlarse.
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