CAPITULO 19

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Toca el timbre del final de clases, estoy exhausta y en todas las horas he ignorado a Casleb y su mirada. Me levanto y me choco con Nora, una amiga de clase. Ella es rubia y un poco más bajita que yo, sus ojos son marrones y suele llevar el pelo recogido en un moño.

-Ay perdón- se agacha y recoge el libro que se me cayó-.

-No pasa nada- le sonrío- ¿sabes si puedes venir a mi cumple?

-Sí, le pregunté a mis padres y puedo, hablé con Sisi y alguna otra chica y también pueden. De todas formas, pregúntales por si acaso.

-Vale, no os olvidéis de llevar el biquini, ya os diré la hora antes de que acabe la semana.

-Guay- dice, nos separamos y yo salgo de clase con Luna, Vicky, Alya y Ster-.

-Chicas, vosotras venís ¿no?- les pregunto-.

-A tu cumple sí- dice Vicky y asienten las demás-.

-Vale.

-¿Qué piensas hacer con Casleb?- pregunta Alya-.

-Estoy cabreada con él.

-¿Qué crees que hará?

-Ni lo sé ni me importa, vamos a hablar de otra cosa.

-Venga, vale.

Al separarnos en la salida del instituto, vuelvo caminando a casa. Ando sola sumida en mis pensamientos pero no por mucho tiempo.

-Ey- me agarran del codo justo antes de cruzar el paso de peatón y un coche pasa ante mí a gran velocidad, ahora me doy cuenta de que estaba despistada y se me había olvidado mirar-.

Me giro un poco sorprendida.

-Casi te atropella un coche, joder- es Casleb y en seguida me aparto de él-.

-¿Qué haces aquí? ¿Me estabas siguiendo?

-No seas paranoica, ni que te fuera a secuestrar.

-¿Qué quieres?

-¿Ahora te interesa lo que quiero?

-No, la verdad es que no- me giro furiosa y me agarra del brazo- déjame, ya.

Sigo andando por mi camino y oigo sus pasos a mi espalda.

-No me sigas- le digo sin pararme-.

-No lo hago, no eres el centro del mundo.

-¿Y entonces se puede saber qué haces?

-Si lo quieres saber, escúchame.

-Ni hablar- susurro, pero creo que me oye-.

-Hazlo- de repente siento que me cogen de la cintura y no puedo creer lo que está ocurriendo cuando noto cómo me levantan. Suelto un grito de sorpresa- Calla- me dice y me agarra de las piernas mientras me coloca en su hombro colgando. Estoy boca abajo y no paro de sacudirme para que me baje-.

-Para joder- lo oigo quejarse y seguidamente me coloca en el suelo, en un callejón entre dos edificios de la calle por la que caminábamos. Estamos solos y es un sitio estrecho-.

-¡¿Qué haces?! ¡Estás loco! No me puedes obligar a hablar contigo- lo reto y lo fulmino con la mirada-.

-No seas pesada y escúchame- me agarra del brazo-.

-Además- le quito la mano- no me toques, déjame, ya no quiero que me toques más. Me tocas todo el rato- estoy furiosa-.

-¡Deja de decir la palabra tocar y tranquilízate! Ahora no quieres que te toque, ahora todo te molesta.

Algún día: Corazon de MelónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora