Volvió. Está aquí. ¿Qué querrá ahora? No es posible que esté aquí. ¿Por qué está aquí?
Estaba acostada en mi cama, pensando en los mensajes que acababa de recibir. Había apagado mi teléfono y lo había dejado al otro lado de la habitación, si alguien me necesitaba, no estaría disponible.
Necesitaba un abrazo, pero no había nadie que me lo pudiera dar, no estaba Nathan en casa, con Josh no tenía tanta confianza como para llamarlo en mitad de la noche para que viniera a mi casa, y Gaby... Gaby estaba a más de cinco horas de camino.
Jamás me ha gustado contarle mis problemas a alguien que no fuese Gaby, ella era la única que me escuchaba y me apoyaba en mis decisiones por más estúpidas que fueran. Era mi hombro para llorar, mi pañuelo de lágrimas, mi manta en la lluvia, mi café en la mañana, ella era todo para mí, alejarme de ella fue lo más difícil de dejar mi antigua ciudad, por suerte, existimos en la era digital en la que gracias a Internet, bendito sea el internet, estamos más cerca que si vivieramos incluso en la misma casa, pero ahora, no quiero solo hablar con ella, la necesito justo a mi lado, no bastaba con encender la computadora, no podría resistir estar cerca de él si mi mejor amiga no estaba en una pizzería esperándome para escuchar mis dilemas adolescentes.
Si, a los 18 todavía se es adolescente.
Pero dadas las circunstancias, tenía que hablar con ella, sin importar si era por teléfono, o por clave morse, la necesitaba más que nunca.
Me levanté en busca de mi computador portátil rogando porque Gaby estuviese aún en línea.
Lo estaba.
--Miren quien volvió.
--Volvió--dije sin rodeos.
--¿Quién?
--Él.
--¿Quién es él? ¿Dean?
--¡No! ¡Vince! --respondí exasperada.
--¿Cómo que volvió?
--Recibí un mensaje diciendo que terminara con mi "novio"--hice las comillas con los dedos-- no entendí al principio pero... --mi voz se fue apagando hasta convertirse en un susurro casi inaudible.
--¿...pero?
--Me llamó conejita--desvié mi mirada.
--Ese hijo de p...
--Sin groserías-- la corté.
--¿Acaso no puedo decir la verdad?
--Ya sabes que no me gusta que digas groserías.
--No me importa, él se merece mil groserías y todas las desgracias del mundo.
--Puede que si, pero no lo hagas--poco a poco mi voz se empezó a fracturar, el nudo que se acababa de formar en mi garganta estsba dispuesto a no dejarme hablar propiamente.
--Tranquila-- su voz era más calmada, como quien no quiere despertar a un bebé--seguramente sólo bromea, no deberías prestarle atención.
Con el borde de mi camiseta limpié la lágrima que caía por mi ojo derecho, intenté tomar aire para tranquilizarme y continuar la conversación.
--No creo que sea un juego, ¿acaso olvidaste lo que pasó?
Me desperté desorientada, sin saber siquiera donde estaba.
Miré a mi alrededor y una vez que mis ojos se adaptaron a la luz, pude reconocer mi habitación, aún tenía puesta la ropa del día anterior y estaba junto a mi computadora.
No fue un sueño.
Me levanté para buscar mi teléfono y mientras esperaba que éste encendiera, mi hermano gritó mi nombre.
--¡¿Qué quieres?! -- pregunté de la misma forma, aún con la confusión de no saber ni la hora.
--¡Baja!
--¡No quiero! -- lo menos que deseaba en ese momento era tener contacto alguno con cualquier der viviente.
En ese instante, vi la pantalla de mi teléfono celular... 15:42. No era posible que hubiese dormido tanto tiempo.
--¡Megan!-- volvió a llamar mi hermano.
--¡¿QUÉ?!
--¡Gaby está aquí!
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El Tatuador
Novela JuvenilYo era una chica buena. Nunca hice nada que pudiera afectarme o afectar a otros, mucho menos a mi familia. Pero... al llegar a una nueva ciudad, todo cambia. Nunca creí que podía transformarme tanto simplemente por complacer a un hombre. Mucho me...
